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DEDICATORIA:

A mi querida nieta adoptiva Vanessa, de la que siempre he recibido bonitas palabras, apoyo y confianza personal.

 

PRESENTACIÓN 

Mariano, con una memoria excepcional. Guarda en su cabeza todo lo ocurrido en la comarca en los últimos setenta años. Podría ser considerado como una auténtica crónica viviente. Además posee una extraordinaria retentiva visual, lo que se conoce como visión fotográfica; una mirada a cualquier escenario y retiene en su cabeza hasta el mas mínimo detalle de las personas y objetos que allí se encuentran.

Anastasio no es tan observador, pero tiene la habilidad de ser un magnífico intérprete  de los sucesos que se le presentan. Es un gran analítico, desmenuzando los detalles hasta donde casi nadie suele llegar y por otra parte tiene también una gran capacidad de síntesis para separar lo superfluo y quedarse únicamente con los detalles relevantes de cualquier caso.

A Basilio se le podría definir muy ajustadamente como a "la sabiduría popular", muy bien provisto de esa "gramática parda" que dota la experiencia a las personas de mucha  edad y la que, sumada a una gran aptitud sicológica, hace de este hombre un magnífico conocedor de las personas y sus previsibles, (para él), reacciones ante los avatares de la vida.

Hasta aquí, los tres ancianos de nuestro título y sus formidables aptitudes, pero habréis visto que en el mismo también figura "y medio". Este apelativo de "medio" no es -ni mucho menos- porque tenga menos (o la mitad) de facultades, sino porque se trata de una persona de las que llamamos "de mediana edad". Mientras que los otros tres ya rebasan con creces los setenta y cinco años, el otro (a quien nos referimos como "y medio") no pasa de los cincuenta.

Se trata de D. Ramiro, el cura del pueblo. Es un gran amigo y compañero de tertulias y partidas de juego en las sobremesas de café a las que los cuatro acuden indefectiblemente a diario. Todos los días, en todas las estaciones del año y con cualquier clima, acuden al Gran Café, regentado por una señora viuda llamada Antonia, quien a su vez está  emparentada con nuestro Anastasio, primo hermano de su difunto marido.

No se trata de que el café que sirve Antonia sea el mas maravilloso del mundo (mas bien es normalito tirando a malo), pero lo que sí es especial es el buenísimo licor de orujo de hierbas del que la viuda regala una pequeñísima copa a sus más exclusivos clientes. No las vende ni sirve a nadie más que a ellos, para quienes el hecho de tomar la "copichuela" a pequeños sorbitos, saboreando con placer cada gota, constituye un auténtico rito no superado por cualquier otro placer de sus vidas.

Estas reuniones del cuarteto solían durar un máximo de una hora y media, pues D. Ramiro tenía que marchar sin falta a las cuatro y media para cumplir con las obligaciones de su ejercicio pastoral y en esa hora  y media era también un rito obligado la correspondiente partida de cartas para decidir que pareja tendría la obligación de pagar la consumición.

Unos eran mas expertos en un tipo de juego que otros; por ejemplo a Mariano -gracias a su gran memoria- se le da mejor el "tute"; Basilio es un excelente jugador de "póker", por su habilidad sicológica ante las reacciones de sus contrarios; también en el "mus" es un experto jugador.

Anastasio, el analista, es más de otro tipo de juegos, como el "ajedrez", las "damas" y aquellos en los que una buena preparación estratégica y visión de futuro sean fundamentales.

A D. Ramiro le van mejor los juegos mas ligeros, como el "parchís", el "cinquillo", la "brisca" o el "chinchón"; donde no haya mucho que cavilar y la agilidad mental sea el único requisito indispensable.

Pues precisamente por esas circunstancias y para que nadie se viese continuamente en ventaja sobre otros, tenían establecido una especie de turno rotatorio en sus tertulias, cambiando diariamente, tanto de tipo de juego como en cuanto a la formación de las parejas rivales.

Y aquí también en estas tertulias han sido resueltos unos cuantos misteriosos casos que habían tenido intrigada a la población y que nuestro cuarteto de amigos habían llegado a solucionar muy acertadamente. Por supuesto aportando cada uno de ellos sus extraordinarias facultades y apoyándose unos con otros formando un formidable equipo de tres (y medio) inteligentes ancianos.

El primer caso que recuerdo resolvieron fue aquel que posteriormente fue conocido como “El misterio del gabán abandonado”. 

 

Escrito por  RAMAMAя      en Madrid, el 18 de enero del 2009

 

 

 

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