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EL PENDIENTE DE LA MAESTRA
Aquella tarde se le notaba extraño a Anastasio; se veía a todas luces que había algo que le preocupaba bastante, pero sus amigos y contertulios tenían la suficiente madurez para respetar su silencio y no molestarle con importunas preguntas. Entre los cuatro reinaba una total y sincera comprensión, más que suficiente para permitir que si cualquiera de ellos estaba afectado por algo, los demás respetarían su intimidad y solo le ofrecerían sus consejos o ayuda cuando fuesen requeridos expresamente. Anastasio tomo su café muy pausadamente sin decir palabra, pero ya al emprender la obligada toma de la “copichuela de hierbas” que les ofreció Antonia (como cada tarde), abrió su boca para expresar con cierto aire de misterio:
-Mariano, ¿te acuerdas de aquella ocasión -hace ya unos años- en que nos contabas el extraño caso de la desaparición de un pendiente de la maestra?
-Pues claro que lo recuerdo-dijo el aludido- siempre recordaré que Doña Lupe, la maestra, había lucido en sus orejas unos preciosos pendientes de oro con formato muy antiguo, los que tenían en su parte superior un precioso y aparentemente muy valioso brillante y en su parte inferior un bonito cabujón de coral con forma de una gran lágrima roja. Eran espectaculares. También recuerdo que un domingo, a la salida de misa observé que –incomprensiblemente- faltaba el precioso pendiente de su oreja izquierda y que al hacer a Doña Lupe la advertencia de su falta, echó mano a su oreja con sorpresa, enrojeció súbitamente y dio la callada por respuesta a mi observación. Estos detalles ya fueron planteados entonces a esta tertulia y se comentaron en su día.
-También fue extraño - intervino Basilio- que a los pocos meses la
maestra empezase a dar muestras de un posible embarazo y se marchase del
pueblo sin dar ninguna explicación. El caso es que todo el mundo estaba
muy contento con su labor en la escuela. A los pequeños los tenía
encantados con sus buenas maneras; de hecho la adoraban todos los
chiquillos de aquella época. Los chavales un poco ma Los padres también estaban encantados con ella, pues no solo apreciaban claramente los progresos de sus hijos, sino que además, si en algún caso los chicos no eran tan espabilados y les costaba un poco más el asimilar sus enseñanzas, Doña Lupe siempre se ofrecía (con una pequeña compensación económica, por supuesto) a asistir al domicilio del chaval para darle clases particulares. Uno de estos casos, por ejemplo, era el de Tomasín, hijo de D. Tomás y Doña Eulogia, (el matrimonio Berzosa), quienes son la familia mas acaudalada de nuestro pueblo.
-Pues precisamente de los Berzosa quería hablaros yo, intervino otra vez Anastasio: Todos sabéis que mi sobrino Alejo es el mejor pintor del pueblo y que la gente dice y se hace lenguas de lo cuidadoso y meticuloso que es en su profesión. Pues anoche me ha contado un caso que me ha hecho cavilar mucho. Me ha contado que últimamente está trabajando en el domicilio de los Berzosa; por cierto que está situado en la plaza, junto a la vivienda de nuestro compañero y contertulio Mariano. Pues bien, al vaciar –para pintarlo- el dormitorio principal del matrimonio Berzosa, mi sobrino Alejo encontró (tras la cama y semi-escondido por el rodapié), un pendiente que me ha descrito exactamente como bien ha definido Mariano: Un bonito brillante superior y una piedra roja de coral en su parte inferior. Parece ser que Alejo rápidamente fue con su hallazgo a entregárselo a Doña Eulogia, quien en principio puso cara de sorpresa, pero a continuación y sin decir palabra, se dirigió rápidamente a la estancia o sala principal, cerró la puerta y al momento se oyeron gran cantidad de voces e insultos, sobre todo de ella y dirigidos a su esposo. Este suceso me ha dado prácticamente con la solución al misterio de la precipitada y embarazosa (nunca mejor dicho) marcha que en su día hizo Doña Lupe, pero al mismo tiempo estaba con mis dudas de si contarlo o no en esta reunión, pues aquí nuestro amigo Basilio es medio primo de los Berzosa y me pareció un poco fuerte poner esta anécdota en evidencia, ya que se trata de un claro caso de adulterio y por mi parte propongo que este suceso quede aquí entre nosotros y no se dé a la luz mas allá de esta mesa.
-Por supuesto - dijo Don Ramiro-, pero ahora lo que ya no tengo tan claro es la reacción de Doña Eulogia para el futuro, pues de tan bruta como es, a lo mejor se echa la manta a la cabeza y sale con que quiere la separación de su matrimonio con Don Tomás.
Y aquí intervino Basilio: -Pues señor cura: eso si que no espero que suceda, pues tanto mi primo Tomás como su esposa son siempre partidarios de que los trapos sucios se laven en casa y no trascienda nada al exterior, así es que, si nosotros no decimos nada, estoy seguro de que ellos tampoco van a hacerlo.
Escrito por RAMAMAЯ en Madrid, a 30 de enero del 2010
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