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EL MISTERIO DEL LOGO ROJO

 

En aquel mes de julio empezaron a aparecer por todo el pueblo una serie de logotipos o marcas que tenían a todo el mundo intrigado y, como es natural, también tenía intrigados a nuestros 3 y medio formidables amigos.

Se trataba de una pareja de letras entrelazadas, concretamente la R y la M mayúsculas (tal y como se ven en el dibujo de cabecera) y que aparecían de repente, pintadas con un color rojo brillante, en los lugares mas inesperados y sorprendentes de todo el pueblo.

Comenzaron a aparecer en primer lugar por algunas de las fachadas del pueblo, sobre todo en las casas y tapias que estaban encaladas de blanco. Eran de aproximadamente 4 o 5 centímetros de diámetro y siempre dibujadas con una tinta de color rojo muy difícil de limpiar.

Al principio solo aparecían en lugares al exterior, pero posteriormente se fueron encontrando también en interiores y en los lugares mas inverosímiles. Un día apareció la intrigante marca por la parte interna de la puerta principal del Ayuntamiento, otra apareció en la parte inferior de uno de los bancos de la iglesia, otra mas en la mismísima puerta del Gran Café de nuestra conocida Antonia, donde se encuentran nuestros amigos en su diaria tertulia de sobremesa. También aparecieron otras tres marcas en la escuela, una de ellas en la puerta de la sala de lectura, por su cara interna, otra en la puerta de una de las cabinas del aseo de niñas y otra más en la parte frontal del aseo de los chicos.

Este último hecho propició que las principales sospechas se dirigieran a que el autor de las marcas bien pudiera ser una chiquilla de las asistentes a la propia escuela, ya que habría tenido acceso -sin que nadie sospechase de su presencia- en aquella zona interna de los aseos de chicas.

Otro detalle que a nadie se le escapaba (y a nuestros especiales y formidables protagonistas  tampoco) es que las marcas siempre eran prácticamente exactas en tamaño y color,  por lo que se sospechaba que pudieran haber sido impresas con una especie de sellador o tampón como los que se usan en algunas oficinas oficiales para sellar determinados documentos.

El excelente observador Mariano, nada mas ver por vez primera una de aquellas marcas hizo el siguiente pronóstico:

-Esto es cosa de un forofo del Real Madrid,  pues ese logo es muy similar al que figura en el escudo del equipo principal de la capital de España.

Inmediatamente fueron todos a ver un cartel existente en una de las paredes del café, donde se guardaba el recuerdo de un fabuloso partido al que asistió hacía ya muchos años Vicente, primo de nuestro contertulio Anastasio y difunto marido de Antonia, la dueña y regidora del Gran Café.

El cartel hacía alusión a un excepcional partido que se jugaría entre el equipo titular de la cercana ciudad (cabeza de partido de la región donde nos encontramos), precisamente contra el Real Madrid, acontecimiento notable por ser la primera y casi probablemente la única vez que se produciría un evento de tanta importancia para la zona. En el cartel se reflejaba con toda claridad el escudo del Real Madrid y efectivamente -como el experimentado ojo clínico de Mariano había observado- dentro del círculo central del escudo se veían escritas tres letras entrelazadas M, C y F, ( Madrid, Club de Futbol) conformando un logo muy similar al que aparecía por todas partes del pueblo.

-Bueno, -aseguró nuestro tertuliano Anastasio-, pudiera tratarse de una imitación en la que el diseñador se equivocase pensando que las efectivas letras tuviesen que ser R y M, (Real Madrid), pero me parece poco probable esta tan burda equivocación. Mas bien creo que se trata de las iniciales del nombre y apellido de algún egocéntrico autor a quien gusta ver su logotipo por todas partes.

Aquí empezaron a hacerse un montón de cábalas por el resto de los presentes. También se hizo un exhaustivo recuento de los posibles poseedores de un nombre comenzado por R y aparecieron mas de treinta vecinos/as y vecinitos/as que pudiesen ser los artífices del suceso. Ahora quedaba cotejar también los apellidos y con la coincidencia de empezar con la letra M aparecieron casi todos, pues daba la casualidad de que en este pueblo existen un montonazo de Muñoz y Martínez censados.

Como en el pueblo por otra parte los matrimonios entre unos y otros han sido la lógica consecuencia, resulta que casi un noventa por ciento de sus habitantes tienen el apellido comenzado por la letra M. Así fue como se descartaron los no coincidentes y en total resultó que quedaban 22 vecinos/as como posibles poseedores de ambas iniciales.

Y aquí fue cuando Basilio metió baza en el asunto diciendo:

-Y ¿por qué tienen que ser precisamente las iniciales en ese orden? ¿No podría ser que el interfecto tuviese un nombre que empiece por M y asimismo su apellido con la letra R?

Ahora ya el lío se hizo mucho mas patente, pues (después del preciso y minucioso recuento de todo el vecindario) habría también que colocar además, como posibles sospechosos,  a otros 6 probables egocéntricos y exhibicionistas vecinos.

En esto estaban cuando D. Ramiro, el cura, apuntó con cierto aire de misterio:

-Estaba pensando: ¿No podrían estas dos letras representar las iniciales de los nombres de dos chavales enamorados? En ese caso se complicaría mucho mas el asunto, pues las probabilidades se multiplican y la solución se presentaría mucho mas remota aún.

-¡Caray con el curita! -Dijo en este momento Antonia, la dueña del local, quien había estado siguiendo con muchísimo interés las deliberaciones de nuestros amigos. - ¡Ya tengo a los probables delincuentes!

Nuestros amigos se quedaron de una pieza mientras Antonia se dirigía apresuradamente hacia el interior de la cocina, desde donde se accedía a su propia vivienda.

Al cabo de pocos minutos se presentó ante nuestros amigos con un par de objetos que indudablemente eran los responsables de aquel intrigante caso. Se trataba de una almohadilla de tampón entintada con un brillante color rojo sangre y de un sellador de caucho en el que se apreciaba claramente el famoso logotipo, dibujado naturalmente en negativo.

-Estos dos pequeños trastos los he requisado ahora mismo en la alcoba de mi nieta Rosa, a quien en sucesivas ocasiones he visto ocultando algo entre las cosas que transporta habitualmente. Algo yo me sospechaba, pues últimamente se la veía en andanzas con Manolín,  el hijo de la boticaria, quien a su vez tiene un hermano que regenta una papelería en la ciudad. Se conoce que el chaval ha pedido a su tío que le grabe este sellador de caucho con la inicial suya entrelazada con la de su amada Rosa y la mejor forma que tienen ambos de proclamar su clandestino amor es la de ir grabando su logo por todas partes.

Y así quedó resuelto el extraño caso de los logotipos, dando lugar a que nuestra Antonia quedase así también vinculada al magnífico equipo  de investigadores que conforman nuestros “tres y medio formidables amigos”.

                                                                                                                 

Escrito por RAMAMAя en Las Zorreras, el día 20 de septiembre del 2009 

  

 

 

 

 

                    

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