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EL GERANIO CAMBIANTE 

 

-Amigos, anunció aquella tarde nuestro Mariano, he resuelto un misterio yo solito.

 

Sus tres compañeros de partida y tertulia le miraron, dirigiendo su atención a las explicaciones que seguramente les iba a proporcionar el "memorión" de Mariano.

Éste, una vez echada una ojeada alrededor y cerciorándose de que no era escuchado por otras personas del Gran Café, contó a sus contertulios lo siguiente:

 

"Desde hace ya casi un año y estando yo -como de costumbre- sentado junto a la ventana de mi salita, (que como ya sabéis domina en su casi totalidad la plaza del pueblo), había observado un detalle que, por lo extraño, me tenía intrigado.

En uno de los balcones de una de las cuatro importantes casas que hay frente a la mía, (y que no os voy a decir cuál de ellas es), me fijé en que uno de los tiestos de bonitos geranios, y siempre precisamente el mismo, aparecía situado en el extremo derecho del balcón, en lugar de su ubicación habitual, exactamente colocado en el centro.

Es el citado tiesto  perfectamente identificable entre los demás, pues aunque la planta es similar al resto (todas ellas son geranios mas o menos sonrosados o rojos), el tiesto está esmaltado de un intenso color rojo, destacando en gran manera entre los demás, todos ellos en el color ocre oscuro, natural del barro cocido.

Pues bien, el citado tiesto rojo, un miércoles sí y otro no, indefectiblemente cambiaba de sitio, lo que en principio no me intrigó, pero la evidencia de la repetición del ciclo me llevó a estar algo más pendiente del suceso y de su posible implicación.

Con el paso de muchas semanas de insistente observación, he llegado a averiguar un par de cosillas más para seguir atando cabos: precisamente coincidiendo con los miércoles que yo llamo  "de tiesto cambiado", y aproximadamente a la hora en que, después de comer, salgo de casa para venir al Gran Café, se abre también el portón del garaje de la casa contigua a la mía y sale con su coche Austin mi vecino Don Justiniano, el militar retirado, quien sin saludar, (como ya sabéis tiene por costumbre), se marcha conduciendo calle abajo en dirección a la salida del pueblo.

La otra circunstancia que me ha llamado la atención la he observado desde esta misma silla en que estoy ahora sentado. Ya sabéis que los miércoles por la tarde alargamos la sobremesa hasta las ocho, aprovechando que nuestro D. Ramiro tiene más  libertad de horario. Pues también desde aquí se domina la parada del autocar de línea, y comprobé que en aquellos miércoles de "tiesto cambiado" y sobre esas tardías horas, se apea del autocar la dueña del tiesto en cuestión.

Como es natural, uno ata cabos y saca sus conclusiones, casi siempre con la malicia que te proporciona la prolongada experiencia de una dilatada vida. Para confirmar mi sospecha, un día pregunté al marido de la dueña de los tiestos (y sin dar mucha importancia al asunto) como era que en algunas ocasiones acudía a esperar a su esposa a la parada del autocar de línea, enterándome de que la citada y "virtuosa" señora acudía cada 15 días a visitar a una amiga enferma en un pueblecito próximo, para animarla y acompañar en su desgracia.

No sé si vosotros habréis sacado las mismas conclusiones que yo, pero a mí todo esto me huele a "cuernos".

 

Todos callaron, pero el que más motivos tenía para ello era nuestro D. Ramiro el cura, quien tenía del asunto la certeza más absoluta, pero obligado expresamente a callar por el secreto de confesión.

 

Escrito por  RAMAMAя    en Madrid, a 31 de enero del 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                    

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