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VALVERDE, EL DEL CAPUCHÓN VERDE 

         A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

Pues habéis de saber que en una pequeña ciudad de la costa levantina, vivía con su familia un niño que se llamaba Julito Valverde García, a quien todos llamaban Valverde para entenderse mejor. 

De pequeñín había sido un niño tranquilo como todos los demás, pero según fue creciendo, se fue haciendo un niño muy malo, travieso y desobediente. Todo el mundo se extrañaba de su comportamiento, pero yo os voy a contar un secreto: sus papás estaban siempre regañándose y enfadados el uno con el otro; Valverde - que escuchaba con miedo estas discusiones – estaba muy disgustado de ver a sus padres de esta forma y, sin querer, se fue haciendo un niño malísimo, yo creo que lo hacía para que sus padres se preocuparan por él y no regañaran entre sí. 

El caso es que fue creciendo su fama de niño rebelde y mal educado, se fue quedando sin amigos y siempre se le veía solo en sus andanzas por los campos cercanos a su vivienda, cargado con un tirachinas para molestar a los pájaros y con un palo que usaba para aplastar a los pequeños bichos que encontraba, como podían ser las hormigas, lagartijas, escarabajos y otros habitantes del campo. 

Su abuela Manuela siempre le estaba diciendo que tenía que mejorar su carácter y dejar de hacer tantas fechorías, pero él no le hacía caso. Con el fin de que Valverde mejorase en su conducta, a su abuela se le ocurrió fabricarle una capucha de color verde, muy parecida a la de Peter Pan, pero eso sí, se la regaló a cambio de que el chico la prometiese ser bueno de allí en adelante. Estaba muy guapete con la capucha y no se la quitaba ni para dormir, con lo que todo el mundo se acostumbró a verle así y empezaron a llamarle como “Valverde, el del capuchón verde”. 

La verdad es que Valverde lo intentó con muchas ganas y estuvo siendo bueno una temporada, pero después, como veía que sus papás seguían regañando siempre por cualquier tontería, volvió otra vez a las andadas y continuó otra vez haciendo fechorías, con lo que la abuela Manuela se disgustó mucho y con la preocupación cayó enferma. 

Esto lo notaron sobre todo los animalitos que vivían por los alrededores de su casa, pues la abuela Manuela siempre era muy cariñosa con todos los animales, los daba comida y les cuidaba cuando tenían algún problema. Por ejemplo en aquella ocasión en que se encontró con un pequeño lobo que tenía una astilla clavada en una de sus patas delanteras: la abuela, cuando lo vió cojeando, lo cogió en sus brazos sin ningún temor y lo llevó a su casa, donde le sacó la astilla del pié y lo estuvo cuidando unos días hasta que se curó del todo. 

Este lobo y toda su manada quedaron muy agradecidos con ella y cuidaban de que no la ocurriera nada malo. Ellos fueron los que protegieron su casa y sus árboles frutales cuando, en cierta ocasión, un cazador se puso a robar manzanas de los árboles de la abuela, aprovechando la circunstancia de que ella estaba enferma en la cama. Los lobos arremetieron contra el cazador y le hicieron huir por el campo sin conseguir robar nada. El cazador fue por todas partes diciendo que los lobos eran muy malos y le habían atacado, pero el muy fresco no dijo el motivo del ataque, o sea que le habían pillado robando. 

Valverde seguía siendo un chaval malísimo y, a pesar de que sabía que los lobos eran amigos de su abuela, les disparaba piedrecillas con su tirachinas, pero ellos se aguantaban y no le hacían nada, ya que sabían que era el nieto de aquella viejecita que tanto les quería. 

Entonces ocurrió un percance muy gordo que fue la comidilla de todo el mundo; resulta que una mañana estaba Valverde con su tirachinas intentando matar un pajarillo a la orilla de un camino, cuando se dio cuenta de que el cazador estaba con su escopeta apuntando a uno de los lobos para matarlo. Como a pesar de sus pequeñas manías en el fondo tenía buen corazón, cogió el tirachinas y le dio al cazador. Entonces el cazador, al volverse a ver quien le había dado con la piedra, tropezó y se le cayó la escopeta, con tan mala suerte que salió un disparo y fue a dar de lleno en la pierna de Valverde “el del capuchón verde”.

El cazador salió huyendo de allí dejando herido a Valverde, que pudo salvarse gracias a que los lobos fueron en seguida a la casa de la abuela Manuela para avisarla con sus aullidos y así es como pudieron encontrar rápidamente al niño y llevarle urgentemente al hospital. 

Los papás de Valverde se preocuparon muchísimo y prometieron que, si su hijo se curaba de su herida, no iban a discutir nunca más delante del niño. Como Valverde vió a sus padres que ya no regañaban, se puso tan contento que se le curaron las heridas en seguida. A partir de entonces no volvieron a discutir nunca más, pero sobre todo, por que se dieron cuenta de que era una tontería regañar por asuntos tan poco importantes. También la abuela se curó del todo al ver que todos eran buenos y felices. 

Y así termina esta historia de Valverde, “el del capuchón verde”, que a partir de entonces fue un niño bueno con todo el mundo y sobre todo con los lobos, que fueron siempre amigos suyos. 

RAMAMAR   Madrid, 1 de marzo del 2003

 

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