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.Cuadro de texto: Subir

Tórtola en el Parque Censal (Foto de septiembre del 2002) 

 

 

LAS TÓRTOLAS DEL CENSAL 

 

       A mis nietos Daniel, Celia y Raquel

 

Arrullo y Mimosa, una pareja de  preciosas tórtolas, habían pasado la primavera y casi todo el verano -como todos los años- en la  llanuras que hay junto al río Mosa en Las Ardenas, al noroeste de Francia y muy cerquita de la frontera con Bélgica. En esta ocasión  se habían decidido por cambiar el camino de regreso a su África natal (para pasar allí el invierno), tomando la ruta costera de la península ibérica en lugar de atravesarla por su zona central.

 

Esta decisión había sido tomada después de recordar lo sucedido el mes de septiembre del año anterior cuando efectuaban el acostumbrado camino de regreso a sus cuarteles de invierno en África. Habían estado descansando aquella noche en una arboleda de la provincia de Toledo y, al reanudar su  viaje, unos cazadores les habían  cogido por sorpresa con un nutrido tiroteo de sus escopetas,  alcanzando mortalmente a sus dos preciosas hijas nacidas aquella misma primavera. Aunque ya estaban acostumbradas a recibir aquellos malditos tiroteos, en esta ocasión fueron tan desgraciadas las consecuencias del inesperado ataque, que ya no les quedaron ganas de aventurarse por esos parajes en sus viajes migratorios de primavera y otoño.

 

Sin embargo, cuando aquel otoño emprendieron su viaje hacia el sur por una nueva ruta casi paralela a la costa mediterránea, no sospechaban que la desgracia también les estaba acechando en forma de cazador. Esta vez fue en las cercanías de Altea, cuando ya habían rebasado el peñón de Ifach y se las prometían muy felices viendo que hasta entonces el viaje había resultado de lo mas tranquilo.

 

Apostado tras un arbusto, un desalmado cazador disparó los dos cañones de su escopeta, matando instantáneamente a uno de los dos hijos de Mimosa y Arrullo y alcanzando también a este último con un plomo traicionero. Menos mal que le atravesó el cuerpo limpiamente sin alcanzar algún órgano vital, con lo que nuestra preciosa tórtola macho, reuniendo todas sus fuerzas, pudo conseguir remontar el vuelo y salir de allí huyendo a toda pastilla junto a su esposa Mimosa y su hijo mayor Collarín.

 

No obstante y pasados unos kilómetros de angustioso vuelo,  la herida producida por el plomo que le había alcanzado, le fue debilitando poco a poco y llegó un momento en que, totalmente agotado, descendió a posarse en un pino situado casi en el centro del Parque Censal de Villajoyosa, muy cerquita de la chocolatería Valor. Allí le acompañaron en seguida su pareja Mimosa y su hijo Collarín, a quienes también les vino  al pelo (mejor dicho, a la pluma) aquel descanso en su afanosa huida.

 

Arrullo se quedó quietecito sobre una rama del pino al que había llegado con tanto esfuerzo, mientras que Mimosa y Collarín observaban a su alrededor desde las mas altas ramas secas de una altísima araucaria muerta, vigilando por si en aquel parque se divisaba algún peligro.

 

Estaba claro que Arrullo no iba a ser capaz de retomar el vuelo hacia el sur, así es que decidieron quedarse de momento en aquellos parajes, que parecían no ofrecer peligro alguno. Por la mañana  temprano se desplazaban Mimosa y su hijo a recorrer los campos cercanos en busca de semillas y brotes tiernos con los que alimentarse ellos mismos y también para llenar sus buches con comida destinada al herido, quien les esperaba siempre quietecito en una rama del pino donde se recuperaba de su débil estado.

 

Allí estaba, inmóvil en su rama fue donde yo pude hacerle la foto que podéis ver en este cuento; el pobre Arrullo seguro que estaría muy preocupado con mi cercana presencia, pero allí seguía muy quieto, sin hacer movimiento alguno mientras yo le retrataba .

 

 Fueron pasando los días y como parecía que la recuperación iba muy lenta, como por otra parte el clima era muy agradable, se fueron acomodando sin problemas a este nuevo hábitat, donde lograron sobrevivir todo el invierno.

 

Tan agradable encontraron su estancia en estas tierras, que no necesitaron regresar a sus acostumbradas migraciones anuales y, aunque meses mas tarde ya se pudo ver a Arrullo perfectamente recuperado y volando con mucha soltura, lo cierto es que se quedaron a vivir en Villajoyosa durante todo el año y mientras durasen sus vidas.

 

                                                  

Tórtolas en la muralla del puente (Foto de marzo del 2005)

 

Aquí han construido sus nuevos nidos cada primavera y están poblando los parques de la zona con nuevas familias de preciosas tórtolas. Ahora se ven también otras jóvenes tórtolas (seguro que son descendientes suyos) en los pinos de la antigua finca de “La Campana”, en otros grandes árboles de la Punta del Moro y en las barriadas de Plans, de Barberes y del Secanet. Las que aparecen en la nueva foto estaban comiendo tranquilamente sobre la muralla contigua al puente.

 

Ojalá se pueda disfrutar de su presencia durante muchos años.

 

 

     Escrito por RAMAMAЯ en La Vila, el 29 de marzo del 2005

                             

 

   

 

 

 

 

                                                                                                                                                         Cuadro de texto: Ir al índice de cuentos cuentos