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UN BONITO ARGUMENTO

 

Esta historia me la contó Samuel, mi enanito invisible preferido, precisamente el día en que mi esposa y yo conmemorábamos el cuadragésimo aniversario de nuestro matrimonio.

En ese momento estaba yo cavilando, pues tenía mis dudas en cuanto al restaurante en que celebrar el evento cuando- como siempre- en el espejo y de improviso, se me presentó Samuel y al parecer con tiempo y ganas de narrarme una historia de las suyas. Por supuesto que yo escucharía encantado, pues hasta la fecha, sus historias (según Samuel todas ellas han sido sucesos reales y auténticos) siempre me habían gustado.

En esta ocasión me relató una anécdota que a su vez le había narrado otro amiguete suyo, llamado Nicolás, y quien tiene su residencia en un bonito edificio de Madrid, lugar donde precisamente ocurrió el caso que nos ocupa.

El edificio en cuestión está situado en la calle del Maestro Vitoria, frente a la fachada posterior del Corte Inglés (donde por Navidades montan el espectacular "cortilandia" para alegría de los pequeños chavales). Actualmente en él se encuentra ubicada la sede del Colegio de Aparejadores.

Pues bien, en este edificio, (construido a principios del siglo XX y durante muchos años conocido como la Casa de Capellanes), parece ser que por aquellas fechas, en las plantas superiores se instaló un matrimonio pasiego, quienes montaron una pensión, la que en pocos años estaba considerada como una de las mejores y de más prestigio de Madrid. Por supuesto que allí moraba también  nuestro enanito invisible Nicolás, donde hacía sus habituales faenillas, como todo enanito invisible que se precie.

A esta pensión vino a alojarse por aquellos tiempos un joven, también pasiego, literato en ciernes y quien soñaba con triunfar en Madrid con sus escritos, pues ya se sabe que en la capital se reunían sus famosas tertulias de eruditos y en ellas se había forjado la fama y gloria de más de un prestigioso literato.

Y aquí fue donde intervino Nicolás muy decisivamente. Gracias a una de sus bromitas (cambiando los números que rotulaban las puertas), consiguió que -en cierta ocasión- nuestro joven literato se confundiese de habitación y entrase por equivocación en el cuarto contiguo al suyo.

Allí se encontró con el inesperado espectáculo de ver a la dueña de la pensión en plena faena sexual con un señor, quien -por supuesto- no era su marido, sino un conocido y prestigioso político de aquella época. Ellos ni se enteraron de la inesperada irrupción y nuestro joven literato salió de allí lo mas sigiloso que pudo y un rato mas tarde, recordando el incidente, pudo reunir los hilos para tejer un entramado muy aparente con el que crear una interesante novela.

Con estos cinco ingredientes: algo de amor, bastante de política, mucho enredo, un poquitín de sexo y algo de crimen, logró entretejer una trama bastante aparente y lograr una muy celebrada novela que le dio entrada y acceso al pequeño círculo de los elegidos. Esto dio pie para que con los años llegase a ser nombrado Académico de la Lengua.

Y todo ello propiciado por aquella bromita del pillín de Nicolás.

 

Escrito por RAMAMAя en Madrid, el 20 de diciembre del 2008

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