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EL RELOJ QUE ANDABA HACIA ATRÁS 

A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

En la gran República de China y cercana a la capital Pekín, hay una ciudad llamada Tientsín en la que, hace ya algunos años, vivía una familia muy pobre compuesta por un matrimonio, cuyos nombres eran  JungPó y LiSíng respectivamente y dos hijos varones llamados YangTsé y ChiuLín. También convivía con ellos el abuelo materno, un viejecito muy arrugado cuyo nombre no recuerdo, pero no importa, porque no es relevante para nuestra historia.

El hijo mayor YangTsé, con sus catorce años, ya ayudaba desde hacía tiempo a su padre en las faenas del campo. Tenían como trabajo el de jornaleros de temporada, en la siembra y mas tarde en la recolección de arroz, en la finca de un acaudalado propietario de su ciudad. Con esto ganaban lo justito para ir tirando e iban saliendo adelante, pero ocurrió la fatalidad de que el padre JungPó se puso enfermo de malaria y tuvo que dejar de trabajar una temporada, con lo que la pobre familia no ganaba lo suficiente para comer. Así es que tomaron la determinación de que el pequeño de diez años ChiuLín tendría que dejar de ir a la escuela para ponerse a trabajar.

Después de mucho buscar, encontró trabajo en la ciudad, en un taller donde se dedicaban a fabricar maquinaria de relojes para la exportación. Allí empezó ChiuLín, trabajando como pinche de limpieza y ayudante del taller. Provisto de una gran escoba, bayetas y un cubo, se dedicaba a mantener limpios el suelo y las mesas de trabajo del taller; también tenía como misión la de llevar agua o té a los operarios que allí trabajaban.

Mientras se dedicaba a sus faenas de limpieza, también se fijaba muy bien en lo que hacían los obreros y poco a poco aprendió el oficio de montar maquinaria de relojes, colocando dentro del estuche todas aquellas menudas piezas de que estaba compuesto. De vez en cuando le dejaban armar alguna maquinaria y dejó a todos muy sorprendidos al ver que la primera máquina que armó totalmente llegó a funcionar bien al colocarle la correspondiente pila.

Tanto asombró a sus jefes la pericia demostrada por el chaval, que le ascendieron a montador y a partir de entonces ganaba lo suficiente para mantener a su familia. Así fueron trascurriendo los meses sin ningún contratiempo y sin ningún fallo por su parte. Bueno, digo mal, porque si tuvo un único fallo en aquellos meses.

Resulta que una mañana de calor, mientras se agachaba a recoger el pañuelo que se le había caído al suelo después de enjuagarse el sudor, al levantarse de nuevo al trabajo, su cabeza tropezó con la cajita de los componentes, estos se revolvieron y sin darse cuenta montó un reloj con el eje y la conexión eléctrica de la pila al revés. Nadie se dió cuenta entonces, así es que aquel reloj salió de la fábrica y posteriormente llegó a Europa como tantos otros, sin que nadie se percatara de su defecto.

 Pues mira tú por donde, aquella máquina llegó a mi poder en cierta ocasión, en que necesité comprar una para cierto reloj que estaba yo montando entonces. La máquina fue montada en un reloj que tenía la esfera preparada con un disco CD, que estaba adherido a una bonita piedra como base.

Todo quedó tan bonito, pero os podéis figurar mi sorpresa cuando, al ponerle la pila, me encontré con que las agujas del reloj avanzaban hacia atrás, justo al revés de cómo tenían que hacerlo. El problema era que estaba todo muy pegado con Araldit y fué imposible despegarlo, así es que solo quedaban dos soluciones: o tirar el conjunto a la basura o poner el reloj de espaldas, mirando hacia un espejo. De esta forma si se puede ver la hora, pero no en el reloj, sino en la imagen reflejada en el espejo.

Gracias a ChiuLín, tengo en mi casa el reloj mas original del mundo.

 

     RAMAMAЯ   La Vila, 12 de abril del 2004

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