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UN CUENTO DE RATONES
A mis nietos Daniel, Celia y Raquel
Este pequeño cuento está inventado casi a petición particular de mi nieto Daniel, quien hace unos días me hacía la observación de que nunca había escrito un cuento en el que su protagonista fuera un ratón. Incluso me hizo alguna insinuación, en el sentido de que el ratoncillo tuviera algún problema en particular al que luego se le encontrase una buena solución. En verdad me hizo reflexionar esta propuesta y advertí que precisamente en la gran mayoría de los cuentos escritos hasta ahora, casi siempre se trataba de algún animalito con problemas. Con esto por delante vamos a ver que me sale.
Pues siguiendo este consejo os voy a contar lo que le ocurrió a un ratoncito de campo, muy simpático y travieso él, que vivía en una parcela de un sitio muy bonito de la provincia de Madrid. Nuestro ratón creo que se llama Avelino y tiene una vida muy movida (como suele ocurrir a casi todos los ratones), sobre todo por la noche, que es cuando suelen salir a alimentarse por el campo, ya que por el día tienen algunos peligros que prefieren eludir y se encuentran mas a gusto haciendo sus correrías por la noche,
Avelino se alimenta de pequeños frutos y bayas que encuentra por el campo, restos de fruta que se caen de los árboles y pequeños brotes de algunas plantas que le gustan a rabiar. Pero no creáis que solo come vegetales, pues también le encanta comer gusanitos, algunas pequeñas mariposas o polillas que se encuentra durante sus andanzas, de vez en cuando algún escarabajo o saltamontes que se descuide y en general, cuantas cosas comestibles encuentre en su camino. Como veis, prácticamente come de todo y seguramente tampoco despreciaría cualquier resto de comida abandonada por los humanos, como algún mendruguito de pan, queso o cualquier cosa apetecible para su estómago.
Así vivía tan ricamente y sin tener envidia de nada ni de nadie, hasta que un día le entró la extraña manía de querer volar. Todo ello porque mirando al cielo, vio por el aire que pasaban una especie de ratoncitos voladores que parecían muy felices por las alturas volando por el cielo entre los árboles.
Avelino pensó que eran ratones iguales a él, pero que habían aprendido a volar y le consumía la curiosidad y la envidia de poder hacerlo él también. Lo que Avelino no sabía, es que aquellos animalitos que veía volando en la semi-oscuridad, en realidad no eran ratones voladores, sino que se trataba de murciélagos, unos pequeños animales voladores muy parecidos en su forma a los ratoncitos, pero a los que la Naturaleza ha dotado de una membranas entre los dedos de sus manos y pies, que les permiten ser los únicos mamíferos que saben y pueden volar realmente.
También se alimentan según van volando, pues con esos mismos grititos localizan en el aire a los pequeños insectos de los que se alimentan, moscas, mosquitos, pulgones y otros pequeños bichejos, a quienes van cazando al vuelo según van haciendo sus nocturnos vuelos. Son unos animales muy interesantes y ciertamente beneficiosos, pues contribuyen a que las plagas de insectos no se proliferen demasiado.
Pues bien, Avelino no paró en sus deseos de volar y mira tu por donde, en cierta ocasión pudo conocer de cerca a uno de estos murciélagos, llamado Pocavista. Al principio no le gustó mucho su cara, pues vistos de cerca son mas bien un poco feos con sus ojillos saltones, orejas puntiagudas y el cuerpo sin pelos, pero por fin se atrevió a entrar en contacto con él y pudo enterarse de muchas cosas de la vida de los murciélagos. Sobre todo le sorprendió ver las membranas de las patas y pies y comprendió por qué podían volar con tanta facilidad. También comprendió que la Naturaleza nos ha dado a cada uno lo que más necesitamos para vivir nuestro tipo de vida y que, por ejemplo, los ratones de campo tienen unos estupendos bigotes para no tropezarse con los piedras o otros obstáculos. También tienen los ratones un magnífico sentido del olfato para localizar el alimento, el cuerpo cubierto de finísimo pelo que les protege del frío y de la lluvia y otras ventajas que los murciélagos no poseen.
Así es que después de reflexionar adecuadamente, decidió alegrarse de cuanto tenía y también olvidar su anterior envidia por las cosas que poseían los demás. Esta fue una gran decisión que contribuyó muchísimo para que su vida pudiera ser feliz completamente.
Conclusión: aprovechemos adecuadamente las ventajas y cualidades que tenemos y no envidiemos las de los demás, pues así seremos mas dichosos.
RAMAMAR Las Zorreras, 28 de junio del 2003.
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