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UNA PRODUCTIVA ALIANZA
A mis nietos Daniel, Celia y Raquel
Creo que recordaréis a Colorines, aquel magnífico gallo que vivía en una finquita en la barriada del Secanet, en las inmediaciones de Villajoyosa. Pues bien, en aquella ocasión en que Colorines estuvo unos días ausente para curar su afonía (ver el cuento "Un gallo afortunado"), una de las gallinas del corral escuchó -por casualidad- una conversación entre los gorriones que por allí andaban todos los días, robando parte de la comida que el dueño repartía por el suelo para el sustento de sus animales. Les oyó decir que por las inmediaciones andaba merodeando un pequeño gatito sin dueño que podría ser un peligro para los pájaros del barrio. La gallina, que ya estaba hasta las narices (mejor dicho, hasta el pico) de que los pájaros la escamoteasen parte de su comida, después de pensárselo un rato tomó una importante decisión: aliarse con aquel gato para que así los gorriones no anduviesen tanto por el corral. Dicho y hecho, por una zona de la valla que estaba un poco mas baja que el resto, nuestra gallina (quien por cierto se llama Genoveva) dio un gran salto y salió al exterior en busca del gatito. La costó un buen rato encontrarlo, pero al fin dio con Ojitos Azules, un pequeño gatito abandonado (quiero decir: sin dueño), que andaba acechando con mucho sigilo detrás de un almendro, a la caza de algún posible pajarillo que se descuidase. En un principio, Ojitos Azules se mosqueó con la proximidad de aquella gallina, incluso estuvo tanteando la decisión de atacarla, cosa que descartó al momento por considerarla como una presa demasiado grande para sus posibilidades. Entonces fue cuando Genoveva ofreció al gatito su propuesta: a cambio de espantar a los pájaros del corral, Ojitos Azules tendría asegurado el sustento, estar en compañía de buenos amigos y el calor de un hogar seguro para resguardarse de las inclemencias del tiempo. Además, también tendría la posibilidad de practicar su deporte favorito que naturalmente sería el de cazar a los ratoncillos que tanto abundaban por el corral y sus inmediaciones. Tampoco faltarían pajarillos a los que asustar. Al gatito le pareció estupenda la propuesta y, después de despedirse de otro colega compañero de andanzas, se fue con Genoveva hasta el corral que sería ya para siempre su nuevo hogar. Al principio, los moradores del corral le acogieron con bastante desconfianza y aprensión, pensando que mas parecía un peligroso enemigo que un magnífico aliado, tal como Genoveva le había calificado en su presentación al grupo. Tampoco Ojitos Azules estaba muy tranquilo al ver las malas caras con que había sido recibido. Sobre todo le preocupaba la mala catadura de un enorme pavo que le estuvo persiguiendo un buen rato hasta que se convenció de la imposibilidad de atraparle. Nunca sería su amigo aquel estúpido pavo, pero sin embargo y unos días después, el resto de animales del corral se disputaban su amistad, pues era un gatito muy agradable y cariñoso. Sabía tratar a todo el mundo con una amabilidad y discreción poco comunes en un gato tan jovencito.
Cuando regr También Ojitos Azules fue muy bien acogido por los humanos propietarios del corral, quienes, a partir de conocer su presencia, colocaban todos los días (en un lugar al que solo él podría llegar), un cacharrito con comida especial para gatos, haciendo las delicias de nuestro protagonista. Allí sigue Ojitos Azules, tan feliz entre sus nuevos amigos, quienes están encantados con su compañía. Bueno, todos no, pues el pavo sigue sin querer ser su amigo y suele intentar picotearle cuando el gatito parece descuidado. De momento aun no ha conseguido alcanzarle.
Escrito por RAMAMAя en Madrid, el 12 de diciembre del 2008
NOTA.-
La gallina
Genoveva ha sido bautizada con ese nombre en recuerdo de una así llamada
que vivió en casa de mis padres en mis tiempos de adolescente. Había sido regalada (cuando era un pequeñín y amarillo pollito) a mi hermana pequeña Juli en la puerta del mercado y estuvo viviendo con nosotros bastante tiempo. De la auténtica Genoveva recuerdo dos cosas y, como pasa casi siempre, una buena y otra mala. La mala es que te podías encontrar sus excrementos por el pasillo y pisarlos si no andabas con cuidado. La cosa buena es que cuando tuvo la edad para ello, todos los días (o casi todos) ponía un huevo entre las pajas de la caja de cartón donde dormía en un rincón de la cocina. No recuerdo como ni cuando, pero el caso es que algún tiempo mas tarde desapareció de nuestra vista; me imagino que sería algún verano cuando al regresar de vacaciones echamos a faltar su presencia.
OTRA NOTA.- Las dos fotos de cabecera fueron tomadas por mí (la misma tarde) en el término de Villajoyosa y muy cerca de la barriada indicada. El gatito nos llamó la atención en especial por sus ojitos azules y su timidez ante nuestra presencia. La gallina por su prestancia y lozanía. La foto del gallo Colorines ha sido encontrada “por ahí”.
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