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EL PINO RUFINO
A mis nietos Daniel, Celia y Raquel
Desde hace bastante tiempo viven en una urbanización cercana a la estación de Las Zorreras una familia de ardillas muy felices. Digo felices porque la verdad es que tienen todo lo que una ardilla puede desear, como por ejemplo un mogollón de parcelas en las que poder alimentarse ellas mismas y sus descendientes, ya que por esa zona abundan los árboles de gran altura y sobre todo hay una gran cantidad de pinos piñoneros, quienes, al mismo tiempo que les sirven de cobijo y de lugar de recreo para sus correrías y saltos, en la época correspondiente también les proporcionan un numeroso sustento, primero con las piñas verdes, a las que desmenuzan con sus dientecillos en busca de los nacientes piñones tiernos, tan blanditos y jugosos para su paladar; luego mas adelante, cuando las piñas se han formado totalmente, también los piñones resultan aún mas apetitosos, con el único inconveniente de que resultan un poco mas difíciles de abrir, pero esto a las ardillas las trae sin cuidado, pues tienen unos dientes perfectamente preparados para este menester. Así es que no es de extrañar que tengan preferencia por estar casi siempre en una parcela llamada Siete Pinos que tiene precisamente ese número de pinos piñoneros, además de otros bonitos árboles, como son un cedro, tres abetos, dos pseudosugas enormes (unos árboles similares a los abetos) y dos grandísimos chopos; esto nombrando solamente a los de gran porte, pues existen también muchos otros arbolitos mas.
Para ello los vamos a describir siguiendo un orden de tamaño y antigüedad. El mas grande y antiguo de todos es el pino llamado Avelino, que tiene muy cerca de los sesenta años, pues ya era bien adulto cuando nosotros le conocimos, al igual que a su hermano Faustino, casi tan grande como él y quien también era ya un hermoso árbol cuando vimos la parcela por vez primera. En la foto pequeña se puede observar el tamaño de estos dos árboles en el año 1976, con Faustino en primer término (a la izquierda de la foto) y Avelino a su derecha. En estas dos nuevas fotos podéis ver el tamaño actual de estos dos pinos en agosto del año 2005, que prácticamente no caben en el encuadre ninguno de ellos por su enorme tamaño.
AVELINO FAUSTINO Estos dos pinos también tenían entonces otros dos hermanos de su misma edad, pero que ya no existen pues murieron ya hace algún tiempo a causa de las picaduras de algunos insectos dañinos. Para que la cantidad de pinos fuese acorde con el nombre de Siete Pinos (con el que en un principio habíamos bautizado a la parcela, aunque por otra causa que luego os contaré) nosotros fuimos plantando nuevos ejemplares para tener siempre ajustado el mágico número de siete que a nosotros nos gustaba. Primero compramos un pinito (que ya tendría entonces unos cuatro o cinco años) en un vivero de Las Navas del Marqués, junto a dos abetos y un cedro, quienes siguen viviendo en la parcela, pero ya con un tamaño considerable pues tienen treinta y tres años cumplidos. Sin embargo aquel pinito sólo duró unos pocos años y también falleció por causas que ahora mismo no recuerdo. También criamos nosotros unos cuantos pinitos, por el procedimiento de sembrar en varios tiestos unos piñones que nos habían regalado, procedentes de una parcela de Lozoya. De todos los que sembramos aquel año solo prosperaron dos, que cuidamos en sus tiestos hasta que tuvieron el tamaño suficiente para ser plantados en el terreno y gracias a Dios aún viven, ya con veinticinco años de edad y a los que llamamos Gabino y Marcelino. Podéis ver en las fotos lo guapos que están ya y merece especial atención el espléndido porte de ambos, sobre todo el de Gabino, quien tuvo un gran problema en su momento cuando se modificaron los niveles de la parcela con motivo de la colocación del césped, ya que en su posición quedó prácticamente con las raíces al aire por haberse rebajado el nivel del terreno a su alrededor. Estuvo varios años en peligro de muerte, pero gracias a Dios se fue afianzando y adquiriendo porte a pesar de lo difícil que lo tuvo, aunque eso sí, en un principio con un gran desvío de la verticalidad, que con el tiempo se ha ido corrigiendo casi del todo.
MARCELINO GABINO Por aquella época también hubo que comprar otro arbolito (como siempre para completar el número mágico 7) y adquirimos en otro vivero el que ahora es el principal protagonista de nuestra narración, el pino Rufino, quien también tendrá actualmente una edad de aproximadamente de veintisiete o veintiocho años. Fue plantado cerca de la entrada de la parcela y también el pobre ha tenido que sufrir lo suyo, pues su ubicación está muy cercana a un grandísimo chopo (a quien ya por entonces habíamos pensado suprimir, pero que ahí sigue todavía). Debido a su proximidad al chopo, en su disputa por la luz del sol está claro que siempre lleva este último las de ganar, pues su tamaño es enorme y juega con ventaja. El pobre Rufino se ha tenido que ir adaptando a esta lucha por conseguir la luz solar y ha optado por inclinar su tronco siempre buscando el huir del chopo, y ahí sigue con su pelea. Lo que ocurre es que sus ramas crecen de manera bastante irregular y en las podas anuales hay que hacer siempre algo especial para no perjudicarle, pero ¡mira tú por donde!, gracias a estas podas pudimos apreciar una característica muy especial que tiene nuestro querido Rufino y de la que nos hemos dado cuenta este año precisamente.
LA CARA DE RUFINO CARA AMPLIADA Rufino tiene una cara en su tronco y por cierto que se parece bastante a un rostro humano. Ahí lo podéis apreciar perfectamente en las fotografías. ¡A que resulta muy chuli! Esta circunstancia tan especial es la que ha hecho de Rufino nuestro pino preferido y querido y que nuestras miradas se dirijan en muchísimas ocasiones hacia su cara con la esperanza de que cualquier día se ponga a hablar por su boca y nos cuente alguna de sus circunstancias y vivencias, que seguramente las tiene y en abundancia, pues los árboles son también seres vivos y digo yo que seguramente tienen su propia manera de sentir. De lo que no cabe duda es que parece llorar en algunos momentos, sobre todo cuando de los cortes o heridas le brota la resinosa savia que de verdad se asemeja a las lágrimas humanas. Bueno, para terminar ya, os voy a mostrar las fotos de los dos últimos pinos que actualmente completan los siete pinos piñoneros que tenemos. Se trata de los mas alejados de todos, pues se encuentran al otro lado del seto y concretamente en la zona que nosotros llamamos Enrasu. Al estar tan lejos, pusimos a ambos el nombre de Los Longinos y son también procedentes de sembrar nosotros mismos unos piñones en tiestecitos y a los que fuimos cuidando con todo cariño. Al final quedaron tres pinitos guapísimos, de los cuales regalamos uno de ellos, que fue a parar a una parcela de La Cañada, en la provincia de Ávila y los otros dos los plantamos hace alrededor de quince o dieciséis años en su actual ubicación donde llegarán en su día a hacerse unos hermosos ejemplares.
LOS LONGINOS DE ENRASU
Y
espero que los siete sigan creciendo y haciéndose viejecitos muchísimos
años (junto a todos nosotros), para que puedan seguir dándonos su
magnífica sombra y los riquísimos piñones que nos ofrecen todos los
años, al mismo tiempo que sirven de refugio y
lugar
para su alimentación y correrías a las numerosas ardillas que pululan
por la zona. En la fo Bueno, se me olvidaba, el nombre de Siete Pinos se nos ocurrió cuando al principio de tener la parcela plantamos junto a la valla situada al sur unas cuantas pseudosugas, en concreto eran siete y por eso pusimos ese nombre a la parcela. Entonces eran pequeñitas, no levantaban mas que un palmo del suelo y casi no se las distinguía entre las hierbas. Con el tiempo fueron creciendo y posteriormente se fueron muriendo (hasta cinco de ellas), con lo que solamente quedaron los dos enormes árboles que actualmente podemos admirar; por supuesto que son un buen campo de carreras para las ardillas y en sus ramas también se posan muchísimas veces las palomas torcaces que en diversos años han estado y siguen anidando en nuestra parcela, tal como ya os he contado anteriormente en el cuento de Piopío y Piluchi. En la foto se puede apreciar el tamaño de las dos pseudosugas de quienes os hablo, aunque no se pueden ver completas en toda su altura, pues no hay forma de que quepan enteras en una fotografía normal. Sus resistentes troncos resultan también un estupendo soporte y están a la distancia adecuada para colgar una hamaca de cuerdas en la que poder descansar a su sombra con tranquilidad.
RAMAMAR lo acabó de escribir en Las Zorreras el 1 de septiembre del 2005
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