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UN PINGÜINO FRIOLERO 

        A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

Os voy a contar la historia de Tiritón, un precioso pingüino que no se parecía mucho a sus compañeros, ya que tenía la particularidad de no poder aguantar el frío. 

Os podéis figurar el problema tan grande que tenía nuestro amigo, pues precisamente en los lugares donde suelen vivir estos simpáticos animales es precisamente en sitios en los que hace un frío exagerado. 

Vino al mundo en un lugar próximo al mar, concretamente en la Antártida, que, como ya sabéis, es un enorme continente en el que se encuentra el Polo Sur.  En la foto de arriba podréis observar lo guapo que era nuestro Tiritón cuando era chiquitín. Lo único que no se ve bien en la foto es la cara de frío que tenía el pobrecito, pues ya os he dicho que era muy friolero y por eso le pusieron por nombre Tiritón, ya que estaba siempre tiritando de frío. 

La única forma que tenía de aguantar el frío era estar siempre metido entre las patas de uno de sus padres y esto ya os podéis figurar que al principio no era ningún problema, pero después, al irse haciendo mayorcito, ya no cabía bien en su acostumbrado refugio y era una molestia inaguantable para sus papás, tanto es así que terminaron por echarle de su lado dándole picotazos para apartarle. 

Para soportar mejor el frío, en los días de mucho viento se colocaba en medio de todos los demás pingüinitos de la colonia y así iba el pobrecillo aguantando lo que podía, pero ya llegó un momento en que no pudo soportarlo mas y con mucho esfuerzo se dirigió hacia el mar y allí se echó a nadar. Se dirigió precisamente hacia el norte, aprovechando unas corrientes marinas que pasan por allí y nadando, nadando, nadando, llegó un día hasta unas islas en las que el clima era un poco menos frío. 

Allí vivían otros pingüinos de otra especie distinta a la suya, un poco mas pequeños de tamaño que él mismo, pero que no les preocupó su presencia y le dejaron que se quedase allí a vivir. Allí aprendió a pescar, aprovechándose de la abundancia de peces y calamares que se encontraban en aquellas aguas. 

Cuando se hizo un poco mas mayor y se encontró con mas fuerzas, decidió seguir nadando mas al norte todavía, pues la temperatura en aquellas islas todavía era demasiado fría para nuestro friolero amigo, así es que, ni corto ni perezoso, se despidió de sus actuales camaradas y siguió nadando hacia aguas mas cálidas. 

Efectivamente llegó a unas latitudes en las que el clima era ya lo suficientemente cálido para que Tiritón no pasase tanto frío y decidió quedarse allí a vivir para siempre, pero tuvo dos importantísimos problemas que le hicieron decidirse a marchar de allí a toda prisa. El primer problema fue el que allí, en aquellas aguas mas cálidas, los peces y calamares -de los que se alimenta nuestro Tiritón-, son mas bien escasos y le obligaban a dedicar muchísimas horas de trabajo para encontrar el sustento que su cuerpo necesitaba. 

Pero el segundo y mas importante problema que se encontró, todavía era mas vital para su existencia. Resulta que empezaron a rondar por allí unas cuantas focas de esas que llaman focas-pantera, a las que lo que mas les gusta es comerse a los pingüinos que se descuidan. Nuestro Tiritón estuvo a punto de ser devorado en una ocasión en la que se descuidó un poco y se libró por los pelos; si, sí, digo bien, por los pelos de un coco de palmera que – flotando por el agua- pasaba por allí por casualidad y que distrajeron a la foca-pantera lo suficiente para que nuestro Tiritón saliese de allí nadando a toda pastilla, saliéndose del agua por una especie de roca que encontró y en donde ya no le pudo atrapar su enemiga. 

Cuando se le pasó el susto y comprobó que no había enemigos a la vista, salió de allí disparado nadando otra vez todavía mas hacia el norte, ya casi cerca de las Islas Galápagos, donde intentó quedarse allí a vivir aprovechando el magnífico clima que se encontró. La verdad es que el agua era muy tranquila y transparente, pero la comida que Tiritón necesitaba, no era allí ni mucho menos suficiente para proporcionarles sustento, así es que siguió nadando todavía mas al Norte, probando en diversos sitios, pero de los que se iba siempre casi al momento por no encontrara bastante alimento. 

Siempre hacia el norte, llegó hasta las aguas del Océano Glacial Ártico, que es el que rodea el Polo Norte, y allí se encontraba casi bien si no fuera porque otra vez empezó a sentir mucho frío. Alimento si que encontraba y mas que suficiente para vivir una cómoda vida. La única pega era que, una vez trascurridos unos meses, empezó a llegar el invierno y con él, un frío de los que no se pueden aguantar.

Y aquí si que le ocurrió una cosa muy curiosa a Tiritón, resulta que al atardecer, un día se propuso buscar un refugio donde pasar la fría noche y se metió en una vivienda que encontró. Fijaros que casualidad, pues era la vivienda de Papá Nöel, que había salido por aquellos días a comprar materiales con los que fabricar los juguetes que, pocos días mas tarde, tendría que llevar a los niños del mundo al llegar la Navidad. 

Tiritón se encontró a su gusto en aquella vivienda y además encontró unas vistosas ropas de alegre color rojo, que se colocó como pudo para evitar el frío, también se puso un gorro rojo que encontró por allí y con estas ropas, como ya no tenía tanto frío, se marchó de allí a pasear por el Polo Norte. Estaba ridículo, pero calentito y eso era lo que mas le daba satisfacción.  

No veáis el disgusto que se llevó Papá Nöel cuando regresó a casa y se encontró sin su uniforme. Os podéis figurar en lo que pensaba: ¿Y como me voy yo a presentar a llevar juguetes a los niños sin llevar mi traje y mi gorro rojos? Todo el mundo se reiría de Papá Nöel al verle sin la clásica ropa de siempre. 

Mirando alrededor de su vivienda, descubrió las huellas del pingüino y ya no le cupo dudas de quien había sido el ladrón. Siguiendo con mucho cuidado las huellas que el pingüino había ido dejando sobre la nieve, llegó a alcanzarle y le hizo que le devolviese sus ropas, cosa que Tiritón hizo en seguida, pero inmediatamente empezó a tiritar de frío y esto le dio tanta pena a Papá Nöel que cogió a Tiritón y le llevó a su casa, donde ya viviría para siempre, sin pasar frío nunca jamás. Papá Nöel hizo que algunas focas amigas suyas le trajesen abundante comida todos los días a Tiritón y eso sí, le obligó a trabajar un poco todos los días en fabricar juguetes de los que luego Papá Nöel reparte por la Navidad. 

Así es que ya lo sabes, a lo mejor alguno de esos juguetes que te trae Papá Nöel, es posible que lo haya fabricado Tiritón, nuestro friolero amigo pingüino. 

RAMAMAR                   Las Zorreras a 30 de junio del 2003 

 

Nota.- Al igual que pasó con el “Cuento de ratones”, también este cuento ha sido escrito siguiendo las indicaciones de mi nieto Daniel, que me habló de escribir algún cuento cuyo protagonista fuese un pingüino. Otro día realizaremos también alguno referente a una mosca, como también me ha propuesto.Cuadro de texto: Subir

                                                                                                                                                         Cuadro de texto: Ir al índice de cuentos cuentos