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                                                                                                                                                         Cuadro de texto: Ir al índice de cuentos cuentos

                                                         

EL PATITO QUE NO SABÍA NADAR 

           A mis nietos Daniel, Celia y Raquel

               En el pantano de Valmayor, muy cerquita de Las Zorreras, vivían unas cuantas familias de patos, que tenían su refugio entre los carrizales que se forman en una de sus orillas. 

         Allí acudían todas la primaveras para hacer sus confortables nidos y poder criar con tranquilidad a sus patitos. Por lo general, Mamá Pata solía poner diez o doce huevos y los calentaba durante un cierto tiempo hasta que nacían los patitos bajo su expectante y cariñosa mirada. 

         Mientras esto ocurría, Papá Pato, además de traer comida a su pareja, vigilaba el pantano atentamente observando  todo lo que ocurría a su alrededor y sobre todo, el posible paso de alguna de las águilas que, aunque no son abundantes en la zona, pueden resultar el mayor peligro para su familia si no están muy atentos. 

         A la menor señal de peligro, Papá Pato empezaba a dar unos gritos en forma de cuaaaccc, cuaaaccc y todos corrían a refugiarse entre los carrizales, o si no les daba tiempo, se sumergían rápidamente en el agua buceando un buen rato hasta que pasaba el peligro. 

         Bueno, pues resulta que el año pasado a Mamá Pata le nacieron solamente nueve patitos, pero todos ellos tan guapos que se sentía la pata mas orgullosa del mundo.  La verdad es que le duró poco su alegría, porque en seguida se dio cuenta de que uno de los patitos no tenía ni idea de nadar y nada mas entrar en el agua, en vez de nadar se hundía hasta el fondo y tenía que acudir ella en su ayuda inmediatamente para sacarle a la orilla. 

         El problema era grandísimo porque la mayor parte de su vida, los patos están en el agua nadando y no sólo es porque se lo pasen bien allí, sino porque en el agua encuentran la mayor parte de la comida que necesitan para vivir, así que ya os podéis figurar la gran preocupación que tenían los padres del patito que no sabía nadar. 

         Después de muchas pruebas y fracasos, decidieron preguntar a todas las familias de patos de los alrededores, por si alguno de ellos había tenido el mismo problema y así saber como lo habían solucionado. Todos los patos consultados no habían tenido nunca ese problema, pero eso sí, todos daban su opinión y ofrecían posibles soluciones. 

         Uno de los patos propuso que le compraran unos manguitos, como los que usan los niños de los humanos cuando son pequeños y no saben nadar, con lo que se les quita el miedo al agua y al tener más confianza empiezan  rápidamente a aprender a nadar. Después de mucho debate, llegaron a la conclusión de no aceptar esta solución, porque sería muy difícil colocar los manguitos en las alas del patito. 

         Otro de los patos dijo, que a lo mejor sería buena idea comprar un flotador, como también usan los niños humanos en estos casos. También fue desechada esta idea, porque no encontraron flotadores tan pequeños como lo que necesitaba este patito; el agujero central era tan grande, que el patito se colaba y se hundía en el agua. 

         Los demás patos también daban sus ideas y así, alguno proponía ponerle al  patito un cinturón con globos de aire para que no se hundiera; otro proponía una burbuja de corcho en la espalda; otro también propuso comprarle un barquito y que siempre estuviese navegando encima del barco, etc. etc. etc… 

         Hasta que por fin, el pato mas anciano, que también era el mas sabio de todos, les propuso que colocaran al patito en un charco con poca agua para que fuese cogiendo confianza. Así lo hicieron y el patito con tan poquita agua chapoteaba en ella y le fue perdiendo el miedo; así iba haciendo sus primeros pinitos. 

         A medida que le fue cogiendo confianza, iban echando mas agua en el charco para que le fuera cubriendo un poco más cada vez y el patito se iba acostumbrando a ello. Llegó un  momento, en que casi sin darse cuenta, empezó a mover sus patitas con la precisión de un buen nadador; hasta tal punto que un día, sin decir nada a nadie se fue hasta el pantano grande y se puso a nadar junto a sus hermanos, que le acogieron con tan grandes aspavientos y alegría, que con sus gritos se alborotó toda la población de patos del pantano y felicitaron a sus padres, que fueron ya del todo felices. 

         Y así acabó felizmente la historia del patito, que ahora ya si sabe nadar. 

           RAMAMAR    La Vila, septiembre de 2001Cuadro de texto: Subir