Mis cuentos infantiles

 

 

                           

                                                        

 EL PATITO NEGRO

              A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

                Los hechos que voy a contaros han sucedido realmente.

         En la primavera del año 2001 vivían en el puerto deportivo de Villajoyosa dos preciosos patos blancos - macho y hembra- que eran queridos por todos. Tanto es así, que alguien les había fabricado una casita flotante para que pudieran guarecerse en el mal tiempo y todas las personas estaban encantadas con la presencia de los dos patos blancos, que siempre andaban nadando entre los yates anclados en el puerto.

         Especialmente estaban encantados los niños de Villajoyosa y también los niños venidos de otros lugares, que sabían de la presencia en el puerto de aquellos patos y siempre querían que sus padres o sus abuelos les llevasen al puerto para así poderles contemplar.  Los patos también estaban encantados con la presencia de los niños, pues casi siempre traían alguna cosita que regalarles. Unas veces eran mendrugos de pan, otras veces eran palomitas de maíz, también patatas fritas o cualquier otra cosa que se les ocurriera. También los marineros y pescadores del puerto estaban contentos con los patos, pues pensaban que les traería suerte el tenerlos allí, así que no era extraño ver como les suministraban parte de los pescados capturados. 

         Tan  a gusto estaban los patos, que decidieron tener familia y después de una temporada, allá por el final de la primavera tuvieron ocho patitos preciosos, que eran la delicia de todos los que pasaban por allí. Sin embargo no todo es felicidad y la pata estaba preocupada, porque uno de los patitos le había salido con el cuerpo casi enteramente negro, distinto totalmente del resto, que eran completamente blancos como sus padres. 

         Estaba también preocupada por si acaso su pareja tenía alguna prevención con ella, pero en seguida el pato macho la tranquilizó diciéndola que por su parte tenía plena confianza en ella. También la explicó que el color negro del patito, quizá pudiera deberse a que en cierta ocasión se comió dos calamares, que les habían echado a comer los pescadores del puerto y ya se sabe que los calamares tienen dentro unas bolsas con tinta negra, así que seguramente esta era la causa del color de su hijo.               

         Los ocho patitos (siete blancos y uno negro), fueron creciendo muy sanos y felices y allí se les puede admirar siempre nadando entre los yates y también cuando salen al anochecer, a descansar en la pradera verde, muy cerca de la barquita varada en seco que hay frente al Club Náutico.

         Solo tuvieron la mala suerte de que un propietario de yate protestó por la presencia de su casita flotante, que por lo visto le estorbaba en la maniobra y por cuya causa, la casita flotante tuvo que desaparecer de allí. Ahora no sé donde se la habrán colocado.

         De todas formas, espero que sigan por allí mucho tiempo, haciendo las delicias de todos cuantos visitamos el puerto, sobre todo al atardecer. 

RAMAMAR      La Vila, septiembre de 2001

 

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