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EL NUMERO CINCO QUE SE PERDIÓ
Este cuentecillo tuvo su origen en una visita a una oficina bancaria que realizamos mi nieto Daniel y yo, con motivo de presentar mi declaración del IRPF. En la mesa de la empleada que nos atendió, había un teléfono al que faltaban varios números, entre ellos el cinco y yo propuse a mi nieto (a modo de entretenimiento) el inventar un cuento con aquello de pretexto. Esto es lo que ha salido y que hemos elaborado sobre la marcha, ambos en comandita.
Había una vez un banco de esos donde guardan el dinero de las personas y que tenía muchas mesas y en una mesa había un teléfono con todos los números pegados.
Como estaba debajo de la mesa no lo encontraban y allí se quedó escondido hasta que se hizo de noche.
Cuando
ya no había nadie que le veía, el número cinco pensó en escaparse a la
calle
para conocer otras cosas del mundo, así que se puso a andar por el suelo
del banco y se pegó un susto muy grande porque empezó a sonar la alarma
y vino la policía. Los policías se creían que había ladrones en el banco y estuvieron buscando por todas partes y no encontraron a los ladrones, así que se marcharon, pero en el zapato de uno de los policías se había pegado el número cinco y se lo llevó con él a la calle.
Entonces hacía mucho viento y se fue volando, volando, hasta una tienda que había muchos juguetes y se metió dentro y se quedó pegado a una pelota de goma, que luego otro día la compró una mamá y se la dio a su hijo.
El niño llevó la pelota de goma al colegio y estuvo jugando con la pelota muchos días hasta que el número cinco se soltó, pero se pegó otra vez en el pantalón de otro niño, que se lo llevó a su casa y allí lo pusieron en la lavadora.
Se pegó entonces a un bolso de una señora y resulta que cuando ella se fue a trabajar, era al mismo banco del teléfono al que le faltaba el número cinco y entonces la señora lo vió en el bolso y pegó el número cinco al teléfono con un pegamento muy fuerte, para que ya no se volviera a quitar de allí. Y
así acaba la historia del número cinco, que un día se perdió y que luego
volvió y ya no se fue nunca jamás. Y colorín, coloró, este cuento se acabó.
DANIEL y RAMAMAR Madrid, a 24 de mayo de 2002
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