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No recuerdo ahora mismo si en su día llegaste a conocer este pequeño cuento que escribí todavía con temblores ante lo sucedido, y es que me tocó tan de cerca el asunto que no me pude resistir a plasmar aquella aventura-anécdota de forma que quedara una constancia escrita de lo sucedido a mi familia, en concreto a mi hija mayor y a su marido (ambos sordos de nacimiento), que viajaban rumbo a NYC en aquella fatídica mañana. Para nosotros fueron casi 48 horas de  inenarrable angustia hasta que logramos tener noticias fidedignas directas de ellos a través del correo electrónico, pues las reiteradas indagaciones a través de Delta Air Lines solo obtenían como respuesta decirnos que “todo el pasaje se encuentra bien y sin problemas en Canadá”.

Te ruego leas el cuento y luego lo que continúa: 

UN CUENTO PARA MAYORES 

            Intentando dar un título a este relato, me hubiera venido bien cualquiera de estos: 

1)     Un relato increíble

2)     Una inverosímil, pero verdadera historia

3)     La vida es, efectivamente, un sueño

4)     La realidad de los sueños

5)     La verdadera verdad

6)     Un sueño creíble

7)     Volando hacia lo real 

……… y otros títulos por el estilo. 

      Opté por no emplear el número 1 porque esta historia es totalmente creíble aunque sea un caso fuera de lo común.

      Tampoco me gustó el título número 2, casi casi por la misma razón.

      El número 3, que recuerda demasiado al clásico de Calderón de la Barca, expresa además una categórica afirmación que no puedo admitir como axiomática, aunque pudiera ser verosímil a la vista del caso relatado.

      El número 4 es el que más oportunidades tuvo de ser elegido, ya que refleja bastante bien el tema tratado, demasiado bien después de todo para ser solo un título.

      El quinto título es muy bonito, pero redundante en sí mismo.

      El sexto tampoco es mal tema y lo reservaré para otro próximo relato.

      El séptimo y sucesivos fueron descartados porque, de repente, me di cuenta de que esta historia podría provocar reacciones negativas en una mente poco formada y me decidí a poner un excluyente título que aclarase la inconveniencia de su lectura por parte de los niños.

      Y ahora ya, después de esta inútil pero necesaria exposición, (inútil para la comprensión de la historia, pero necesaria para la comprensión del título), pasamos a la exposición de los hechos.     

 

En la mañana del día once de septiembre del año 2001, yo me encontraba en el interior de un avión de Delta Air Lines que despegó del aeropuerto de Barajas a las 10,55 horas con destino a San Francisco y que tenía prevista una escala de aproximadamente 2 horas  en el aeropuerto JFK de New York.

 Llevaríamos volando aproximadamente tres horas cuando observo que unos individuos (aparentemente árabes), armados con lo que parecen cuchillos y llevando de rehén a una de las azafatas, penetran en la cabina de los pilotos con amenazador ademán, pero sin hacer daño a nadie. Uno de los individuos permanece de espaldas a la puerta de los pilotos observándonos amenazadoramente.

 Durante un buen rato no ocurre nada extraño, con lo que los pasajeros nos vamos tranquilizando  pensando que se trata de un secuestro más de los que tantos han ocurrido y que probablemente estos  árabes pretenderán alguna reivindicación con respecto a algún problema político.

     Indudablemente nos va a suponer una molestia y también seguramente bastante retraso en el horario previsto de viaje, pero esperamos que todo quedará en una anécdota mas o menos molesta para relatar a nuestras familias a su conclusión.

     Todo sigue trascurriendo con la natural preocupación y con la correspondiente tensión del momento, pero al mismo tiempo con una cierta tranquilidad esperando -y deseando sobre todo- que las cosas tengan un desenlace favorable, cuando, al observar por la ventanilla veo pasar casi a nuestro lado la corona y la antorcha de la estatua de la Libertad y al fijar la vista hacia el frente observo que uno de los dos edificios de las Torres Gemelas del World Trade Center tiene una gran brecha en su parte superior y con una gran humareda y llamas saliendo de su interior.

     Sin tener siquiera tiempo para comentar el caso con nadie, veo con desesperación que nuestro avión se dirige precisamente hacia las Torres y sin que nadie pueda remediarlo nos vamos a estrellar contra ellas.

     Solo un momento para decir un Dios mío y en seguida el estruendo de un gran choque que conmueve toda mi persona y…

 

     …Y entonces me despierta un gran golpe en la frente al recibir el impacto de tres botellas que, debido a un resbalón de la azafata que las trasportaba, se han estrellado contra mi cabeza.

     Entre el castañazo recibido en la cabeza y el maléfico sueño, (que más ha sido una pesadilla que un sueño), ya me estoy mosqueando.

     Para fastidiarla un poco más, en ese momento el piloto avisa  que, por imprevistos surgidos a última hora en el vuelo, vamos a sufrir un cambio en nuestro destino y que en lugar del aeropuerto JFK, vamos a tomar tierra en Canadá, en una pequeña ciudad llamada Saint John.

     Esperemos que el problema técnico sea subsanado rápidamente y podamos continuar viaje en pocos minutos. Desde luego este once de septiembre de 2001 parece poco propicio.

     Confiemos en que la cosa no vaya a peor. 

         Las Zorreras, septiembre de 2001 

P.D. La casi totalidad de este relato es absolutamente real.

        La obligada estancia en Saint John, duró cinco días.          

                 

PUDO SER PEOR 

Hasta aquí el relato escrito en su día.

Como verás, fue un poco la manera de desahogar mis vivencias de aquel momento y exteriorizarlas de una manera mas bien desenfadada, aunque lo vivido personalmente no fue en absoluto un agradable cuento.

Hoy día dos de mayo vuelvo a retomar el tema ante una noticia leída ayer sábado día 1 de mayo del 2004 en el periódico La Razón.

En su página 25 publican este artículo que te envío escaneado del original. Para que no engordase excesivamente el fichero, he procedido a achicar el tamaño del mismo, pero en esencia te pondré a continuación un extracto de su contenido:

 

 

En el primer párrafo se lee: “Nueva York. Derribar un avión procedente de Madrid. Fue una de las órdenes firmadas por George S. Bush, presidente de los EE.UU. el 11 de septiembre…

En el segundo párrafo se lee: “Según revelan los documentos del incidente, el avión regresó a Madrid, aunque en realidad tomó tierra en Canadá. Fuentes consultadas…

 

Ahora, al cabo de dos años y medio, me entero de que mi hija y su marido (y otras doscientas y pico personas mas de su avión) están vivos de milagro. La orden de derribo está reconocida por el mismísimo Bush.

 

              UFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF  

              Sin comentarios 

                    Madrid, 2 de mayo del 2004 

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