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EL SUEÑO DE UN JARDINERO
A mis nietos Daniel, Celia y Raquel
Andrés había sido siempre un niño especial; nada mas nacer, sus papás se habían sorprendido enormemente cuando observaron que tenía unas facciones un tanto extrañas, que daban a entender que su hijo ofrecía muestras de ser un niño poco normal. Sin embargo, al mismo tiempo, la mirada de aquel niño expresaba una sensación de pureza tal, que su vista cautivaba a cuantos miraban sus alegres y claros ojos.
Como es natural, en seguida acudieron a los especialistas para intentar resolver el problema, pero en ninguna parte le pudieron ofrecer otro remedio que la resignación y ese fue el camino que decidieron tomar: intentar olvidar la profunda preocupación que tenían y afrontar aquel sinsabor con el menor desconsuelo posible. Por otra parte, una sabia señora, la última entre los especialistas visitados, les había hecho una especialísima observación que vendría a marcar la actitud que ellos tomarían en el futuro. Les había comentado que, por regla general, los niños que tenían el mismo problema que el suyo, solían ser las personas mas felices del universo, siempre que tuviesen a su alrededor el apoyo y cariño de sus padres y hermanos. Ellos decidieron en aquel mismo instante tomar al pié de la letra aquella filosofía de aportar a su aparentemente desvalido hijo un amor extremo y toda la dedicación y el cariño que unos padres pueden dar, que es muchísimo.
De esta manera, Andrés se crió en un hogar feliz y fue siempre rodeado de cariño y buenas maneras. Aunque nunca podría llegar a ser un niño como los demás, pues su capacidad intelectual no se lo iba a permitir jamás, sin embargo en otros aspectos de la vida era un privilegiado; ayudado por el entorno familiar, fue creciendo como un magnífico observador de las cosas buenas que nos da la vida y sobre todo, como un amante de la Naturaleza, ya que había sido siempre inculcado en el amor a las plantas y los animales, quienes por otra parte también le devolvían el cariño con generosidad.
Como es natural, la mayor parte de su educación fue realizada en un centro especializado en este tipo de niños, rodeado por un ambiente también de amor y cariño, donde al mismo tiempo se iba dando a los futuros hombrecitos una preparación adecuada a sus especiales circunstancias. Andrés siempre había destacado, como ya hemos indicado, por su amor a los animales y plantas, así es que no le fue difícil escoger cual de las actividades que se enseñaban en aquel centro iba a ser su predilecta. Se decidió por aprender todos los trucos posibles en el noble arte de la jardinería, a los que se dedicó con toda la eficacia que supo o pudo desarrollar.
Al principio iba a realizar los trabajos acompañado de otros profesionales de la empresa, pero, cuando observaron las magníficas dotes de Andrés, le fueron dejando en mayor libertad de acción y casi llegó a ser el único responsable del mantenimiento del mas grande y bonito parque de aquella ciudad.
En una ocasión en que estaba podando a tijera unos setos de aligustre, se fijó en que podía dar un corte distinto al seto, de manera que fuese adquiriendo una especial forma. Animado con el éxito, en otra ocasión fue recortando un arbusto hasta que con las tijeras consiguió que aquello tomase la forma de un pequeño barco de vapor.
Aquella figura de pavo real fue la comidilla de todos y se fueron corriendo las voces entre las gentes del lugar, quienes acudían a ver la magnífica figura realizada por Andrés. Éste, debería haber estado muy orgulloso y alegre con el triunfo conseguido, pero la verdad es que a partir de entonces se le veía un poco triste y apagado, con claros síntomas de preocupación. Su madre, que muy pronto notó su tristeza, le interrogó al respecto y Andrés le comentó que a él le hubiera gustado que aquel pavo real vegetal se convirtiese en un pavo real de verdad, para que pudiese recorrer a su gusto por todos aquellos jardines tan bonitos del parque.
Por supuesto que su mamá le dijo al momento que aquella figura seguramente nunca podría convertirse en un pavo real de verdad, pero que no dejara de desearlo intensamente, pues a veces los sueños se cumplen. Andrés aparentó tranquilizarse para no preocupar a su mamá, pero en su interior seguía teniendo aquella pequeña obsesión.
La mamá fue al día
siguiente a hablar con el alcalde y le expuso la preocupación de Andrés,
a lo que el alcalde respondió que era un problema muy difícil de
resolver, pero que ya estudiaría él si se podría hacer algo al respecto.
Está claro que delante de la buena señora no quiso darle falsas
esperanzas, pero el buen señor, casi al momento se puso a hacer las
gestiones necesarias y antes de una semana, cuando Andrés se disponía a
regar las plantas que rodeaban a su figura de pavo real vege Y es que, cuando una cosa se desea con mucho ahínco, a veces se puede ver conseguida. Ya os podéis figurar que Andrés sigue allí de jardinero oficial y que también continúa devolviendo felicidad a todos los que le ofrecen cariño y respeto.
Escrito por RAMAMAЯ en Madrid, el 26 de abril del 2005
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