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LA HORMIGA PEREZOSA 

         A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

      Todo el mundo conoce lo trabajadoras y laboriosas que son las hormigas, así es que resulta de lo mas extraño encontrarse con una hormiga como la de nuestro cuento, que resultó ser una hormiga tan vaga y perezosa que llegó a verse con grandes problemas. 

         Pocopuede, que así se llamaba nuestra hormiga, era de la clase de hormigas llamadas obreras, cuya misión en su comunidad  consiste en buscar comida por los alrededores de su hormiguero y trasladarla a los almacenes de comida que hay en sus galerías subterráneas.  Deben de recolectar cuantas semillas, bichitos y toda clase de comestibles que sean aparentes para su consumo por las hormigas, almacenándolos convenientemente para su aprovechamiento en el futuro por toda la comunidad. 

         Ya desde el principio de su vida pasó mucha envidia al ver como, a una de las larvas que nació junto a ella, todas las hormigas la estuvieron alimentando especialmente, hasta convertirla en la futura reina del hormiguero. Ocurrió porque la anterior reina estaba ya muy viejecita y había que preparar a una nueva reina. 

         También pasó mucha envidia al ver que a otras de sus compañeras también las estuvieron alimentando y educando hasta convertirlas en unas potentes hormigas guerreras, cuya misión sería el mantener la seguridad del hormiguero defendiéndole de sus enemigos.  Estas contrariedades y su perezoso carácter la llevaron también a tener otros dos defectos como son el egoísmo y la falta de solidaridad, que además de ser malísimos  defectos, son precisamente todo lo contrario de lo que debe de ser una buena hormiga. 

         Se dedicaba ostentosamente a hacer el vago y trabajar lo menos posible, lo que la llevó en varias ocasiones a recibir algún achuchón poco cariñoso por alguna de las hormigas guerreras. Además la estuvieron advirtiendo de que ese proceder no es el mas adecuado para una buena hormiga, pues estaba dando mal ejemplo y de seguir así sería expulsada de la comunidad. 

         Pocopuede no se asustó en absoluto, sin darse cuenta de que no hay peor peligro para una hormiga que el verse fuera de su comunidad, sobre todo con vistas a la llegada del mal tiempo, donde resulta muy conveniente estar protegida contra los fríos del invierno y también es muy importante tener a mano los alimentos acumulados convenientemente en el buen tiempo. 

         Sin decir nada a nadie, pero con la intención secreta de vivir por sus cuenta, se alejó del hormiguero y una vez lejos de la mirada de sus compañeras, se dedicó a hacer el vago y no recolectaba nada mas que la poca comida que iba necesitando en cada ocasión. 

         Así estaba tan tranquila cuando tuvo la ocasión de ver un espectáculo terrible: nada mas y nada menos que vio a un oso hormiguero, que había cogido por sorpresa a las ocupantes de otro hormiguero y allí se dedicaba a escarbar el suelo con sus potentes uñas y a comerse con su pegajosa lengua a todas las hormigas que iban saliendo despavoridas. 

         Ella misma estuvo a punto de ser devorada por el oso hormiguero y solo se libró gracias a que tuvo la suerte de que pudo esconderse dentro de un trocito de ladrillo hueco que había en aquel campo, pasando muchísimo miedo y no moviéndose de allí hasta que el oso hormiguero se distrajo y pudo escapar de allí sin que la viera.        

         De todos modos el susto fue terrible y entonces es cuando Pocopuede se acordó de lo bien que podría haber estado en su hormiguero y se arrepintió muchísimo de haberse marchado. Menos mal que también se acordó de  sus compañeras y salió corriendo a toda marcha, para avisarlas del peligro que podían correr. 

          Cuando llegó a su hormiguero, dio corriendo la voz de alarma y entre todas, taponaron con arena y mucho trabajo todas  las entradas, con lo que, cuando llegó el oso hormiguero por aquellos parajes, no advirtió la existencia del mismo y pasó de largo sin hacerles daño alguno. 

         Cuando pasó el peligro, todas felicitaron a la hormiga Pocopuede y decidieron alimentarla convenientemente para que se convirtiese en una buena hormiga guerrera. Llegó un momento en que se hizo tan fuerte, tan valiente y buena compañera que las demás hormigas dejaron de llamarla Pocopuede y la conocieron a partir de entonces como Fortachona

         Dejó de ser egoísta y perezosa y todos la admiraron mucho. 

        RAMAMAR   La Vila, 2 de abril del 2002

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