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UN HOGAR MUY TRANQUILO A mis nietos, Daniel, Celia y Raquel Crocota, la cigüeña, estaba muy orgullosa y satisfecha del magnífico enclave que ella y su esposo Picorrojo habían escogido como hogar de temporada en el que nacerían sus polluelos. Ambos, cuando eran jóvenes y sin pareja, se habían conocido en las llanuras de África, donde sus padres las habían llevado el pasado otoño para invernar; allí fueron tomando confianza y ambos se convencieron de que formarían una magnífica pareja y de que compartirían para siempre sus vidas.
Durante
su regreso a España en el siguiente enero, sobrevolaron
muchísimos
parajes, pero cuando llegaron a su actual emplazamiento, ambos se
miraron
con
cierta
Ambos eran de carácter mas bien tímido, sin llegar a ser insociables, y la verdad es que, en aquella primera etapa de su unión, preferían estar libres de ataduras sociales y no les apetecía mucho compartir experiencias con otras cigüeñas, así es que en el lugar elegido se las prometían muy felices. La verdad es que el aquel sitio no podía ser más tranquilo. Los humanos pasaban por aquellos parajes en contadísimas ocasiones y su vida allí prometía ser muy feliz.
El
paisaje que desde allí se divisaba era el clásico de un tranquilo valle
serrano, rodeado casi totalmente por altas montañas que prometían dotar
al lugar de una excelente protección ante los vientos invernales.
Gozaban de la proximidad de una gran superficie de Las montañas del entorno todavía conservaban restos de las nevadas invernales, pero esto no representa problema para nuestras cigüeñas, pues a partir de estas fechas ya suele remitir el frío invernal y además ellas están perfectamente preparadas para ello.
Este arte de entretejer las ramitas yo creo que, aparte de haber aprendido de sus mayores, (quienes pasan gran parte de su tiempo reparando los posibles desperfectos del nido), las cigüeñas tienen un especial instinto natural para realizar estas magníficas viviendas. Lo hacen casi mecánicamente y logran conformar unas estructuras muy resistentes, teniendo en cuenta que los materiales empleados no son de mucha consistencia. Pues bueno, una vez conseguido su objetivo, nuestras protagonistas procedieron a realizar los habituales cortejos de procreación, de resultas de los cuales, Crocota depositó en el nido un hermoso huevo que estaba destinado a ser el primero de su futura descendencia. En años posteriores pondría dos huevos seguramente, pero en aquella ocasión solo puso uno y a su cuidado se dedicaron la pareja, obteniendo un poco mas tarde la maravillosa recompensa de ver a un precioso polluelo de cigüeña a quien dedicarían toda su atención y empeño para alimentarlo y cuidarlo convenientemente. Al principio, y como todos los polluelos, resultaba un poco torpe y bastante feucho, pero a sus papás les parecía el polluelo de cigüeña mas guapo del mundo (como sucede a todos los papás). Y también como les sucede a todos los peques polluelos, poco a poco se fue convirtiendo en un precioso ejemplar de cigüeña, al que, por ser un guapo macho, sus papás le pusieron como nombre Garboso, y es que de verdad resultó ser un cigüeño muy aparente. Durante el tiempo que permaneció sin salir del nido fue conociendo poco a poco el entorno que se divisaba desde allí y así, cuando ya empezó a dar sus primeros vuelos, no le fue difícil dirigir sus planeos a las apetecibles zonas de las orillas del embalse, eso sí, siempre al principio siguiendo los itinerarios mas convenientes, según le iban indicando sus padres. Así fue como ocurrió que, cuando llegó el final del verano, ya tenía la habilidad, fuerza y vigor necesarios para emprender (junto a sus padres y muchos otros millares de cigüeñas) la obligada emigración y retiro a las resguardadas planicies de África, donde pasarían el invierno antes de volver a regresar a los parajes españoles. Y así vuelta a empezar el ciclo. La foto que os enseño a continuación muestra el lugar “supertranquilo” donde está ubicado el hogar de nuestra pareja de cigüeñas. ¿Qué os parece? ¿A que es un sitio muy tranquilito?
Cementerio nuevo de Lozoya
Escrito por RAMAMAя en Madrid, el 29 de enero del 2009
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