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LA GAVIOTA CARLOTA 

         A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

            Hace algún tiempo vivía en Villajoyosa una niña muy guapa que se llamaba Carlota y que era muy querida por todos, porque además de estar siempre alegre y contenta, era muy buena con todo el mundo, dispuesta siempre a hacer favores y que compartía también sus juguetes con todas sus amiguitas. 

         Sus papás estaban muy contentos con ella, porque además de ser muy buena y obediente, siempre se comía toda la comida que la ponían y sin levantarse de la mesa hasta que todos habían terminado. De esta forma iba creciendo perfectamente y no tenía nunca enfermedades ni problemas de ningún tipo. 

         Carlota era muy amante de los animales y siempre les daba de comer y les decía cositas amables, con lo que también la querían todos los animales y siempre venían a saludarla y juguetear con ella, 

         También la gustaba mucho el mar y siempre que podía, se acercaba a la orilla para contemplarlo y admirar su grandeza. Se pasaba horas y horas mirando las olas que van y vienen constantemente y sobre todo, lo que mas la gustaba era contemplar el vuelo de las gaviotas, siempre planeando en busca de algún pececillo que les sirva de comida. 

         Tanto tiempo pasaba en la orilla, que al final logró hacerse amiga de una de las gaviotas, que como ya se había acostumbrado a verla todos los días, no tardó en acercarse a la niña, para ver bien que estaba haciendo siempre allí. Y es que las gaviotas son bastante cotillas y curiosas y no paran hasta que se enteran de todo lo que pasa alrededor de su entorno. 

         Al ver que la gaviota intentaba hacerse su amiga, Carlota decidió llevar todos los días una bolsita de plástico con comida y unos días la llevaba boquerones, otros días llevaba mendruguitos de pan, otros días llevaba fruta y claro está que la gaviota  la tomó total confianza y siempre que veía a la niña se acercaba volando a toda prisa para ver que regalo la traía esa vez. 

         La única pega de su amistad era la conversación, porque a las palabras de Carlota, la gaviota solo contestaba con sus gruñidos, (algo así como grrrruuacccc, grrruuaccc)  y así no hay forma de entenderse. 

         Carlota investigó todo lo que pudo acerca del lenguaje de los animales, pero no encontró ninguna información sobre el lenguaje de las gaviotas, así que se tuvo que conformar con recibir gruñidos en respuesta a sus palabras. 

         No obstante se entendían bien, en el sentido de que, cuando Carlota presentaba un boquerón, su gaviota en seguida abría la boca con un gruñido de satisfacción y moviendo la colita demostrando su alegría por tan excelente bocado. 

          Así  fueron pasando los años y Carlota se fue convirtiendo en una preciosa jovencita, pero su gaviota se hizo tan viejecita, tan viejecita, que un día se quedó como dormida en los brazos de Carlota  y es que había dejado de vivir. La joven Carlota se quedó muy triste, pero no quiso separarse de su gaviota y la llevó a un taxidermista para que la disecara y así poderla tener siempre en su casa. 

         Mas adelante tuvo que marcharse a otro país y como era amiga mía, me regaló la gaviota disecada como recuerdo de su amistad y desde entonces la tengo yo en mi salón encima de un estante. A esta gaviota yo la llamo Carlota en recuerdo de mi amiga. 

         RAMAMAR     La Vila, septiembre de 2001Cuadro de texto: Subir

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