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LA GATITA PRESUMIDA A mis nietos Daniel, Celia y Raquel
l leer el título de este cuento, algunos de vosotros seguramente habréis pensado: “Ahí va, ya me lo sé, probablemente se trata del conocido cuento de La ratita presumida contado por algún francés”, por aquello de que los franceses no pronuncian bien la erre y diguían segugamente: La gatita pgesumida. Lo mismo que todos sabemos que un chinito dilía segulamente: La latita plesumida. Pues no, os habéis equivocado totalmente, ya que a quien me voy a referir en este relato, no es a la ratita de cuento que ya conocéis, sino precisamente a la historia de una gatita de verdad, vamos, de los felinos caseros de toda la vida, la cual también es bastante presumida y por eso es por lo que os voy a contar lo que la ocurrió. La protagonista de nuestra historia es una preciosa gata llamada Duquesa que tiene ahora poco mas de un año de edad y que se la regalaron a Susana (la mamá de Daniel) por un motivo que ahora no recuerdo exactamente. Seguramente se la regalaron para que se consolara de la reciente pérdida de Federico, su precioso perro cocker de color dorado, que había fallecido recientemente a causa de una enfermedad muy tonta que les da a los perros. El caso es que Duquesa fue muy bien recibida y, como resultó ser una gatita muy zalamera, en seguida se hizo con el cariño de todos. Se portaba muy bien desde el primer momento, haciendo muy pocas de las faenas que acostumbran a hacer los cachorritos de gato cuando son pequeñines. No es que digamos que no hizo nada malo, pues eso sería mentir, sólo que francamente esperábamos que podría haber sido mucho peor de lo que resultó y por eso nos parecía que era una gatita muy buena (dentro de lo que cabe). Sobre todo teniendo en cuenta que, dado el sistema de vida de sus dueños, la pobre gatita se había tenido que acostumbrar a estar sola en casa durante una gran parte del día. No sé si ya os lo había yo dicho antes, pero la verdad es que (como casi todos los gatos), Duquesa es una grandísima presumida y no veáis lo contenta que se pone frente al espejo cuando puede observar lo guapa que está con su cascabel al cuello. Parece que quiere jugar con su propia imagen del espejo diciéndola: “Oye, que gatita tan guapa eres, ¿quieres jugar conmigo?” Por supuesto que también la gusta mucho jugar como a todos los animales jóvenes y cualquier cosita que sea manejable por sus manitas, la sirve para ello. Coge cualquier juguetillo de Daniel, lo zarandea a uno y otro lado y se da carreritas por el suelo simulando que lo va persiguiendo por la casa. Otra cosa que la gustaría hacer, pero no puede porque la jaula se lo impide, sería jugar con Lola, una hamster hembra que tenemos en una jaula de plástico muy bonita, y cuya historia ya fue relatada en el cuento de Un hamster volador. Casi seguro que no la haría daño, pero por si acaso jugando la hiciese daño sin querer (o queriendo), no hemos probado nunca a dejarla a su alcance. Con quien también quisiera jugar a veces, sería con Taby, la perrita spaniel breton de los abuelos, pero resulta que Taby ya es un poco mayor y además odia un poco a los gatos, así que, aunque a Duquesa la tolera un poco y a regañadientes, no la apetece jugar con ella. A Duquesa también la gusta mucho pasear por el exterior de la casa y cuando tiene ocasión, como la ocurría en la anterior casa en que vivían Daniel y Susana, se salía por la terraza a pasear por las casas de los vecinos de los alrededores. Precisamente en uno de esos paseos es cuando la ocurrió el percance maldito de caerse hasta la calle desde un segundo piso. Menos mal que los gatos tienen siete vidas, pero el caso es que Duquesa, con esa caída ya se debe de haber gastado dos o tres vidas. La consecuencia mas desgraciada de esta caída fue que debió de darse un mal golpe en la cabeza y estuvo a punto de perder casi completamente su ojo izquierdo. Menos mal que la llevaron rápidamente a un veterinario y después de muchísimos cuidados, varios meses mas tarde ya parece que el ojo está totalmente curado. Bueno, de todas formas le ha quedado el ojito con un color extraño tal como se puede observar en la foto. Lo que peor lleva Duquesa es que ya no está tan guapa como era antes y eso es una pena que tiene que llevar y que la duele en especial dado lo presumida que es. RAMAMAЯ La Vila, 4 de abril del 2002
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