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EL FANTASMA DE LA BARBERA

 

A mis nietos Daniel, Celia y Raquel

 

Creo que recordaréis la finca de La Barbera, la que ya hace un tiempo fue citada en otro cuento titulado “La garza”. Lo que desconozco es si sabéis un poco de la historia de esta finca tan bonita de Villajoyosa.

Lo cierto es que esta finca perteneció de siempre a una familia de ricos terratenientes vileros: la familia Aragonés, quienes fueron sus propietarios hasta que en su última generación, en vista de que no tenían descendientes ( y por lo tanto herederos próximos), decidieron que su propiedad pasase a ser de la ciudad de Villajoyosa, lo que sucedería a la defunción del último familiar.

Este hecho acaeció a finales del pasado siglo veinte, dando lugar a que la titularidad de la finca pasase a una fundación que sería encargada de administrar estos bienes, pero siempre con la condición de quedar como un patrimonio vilero.

El Ayuntamiento de La Vila, de acuerdo con la citada Fundación, de la que forma una parte importante, ha realizado posteriormente muchas obras para el acondicionamiento de los terrenos y restaurando con muy buen criterio las instalaciones históricas de la misma, sobre todo el edificio y caserío principal, domicilio de los anteriores propietarios.

También se han construido unos preciosos jardines y un auditorio al aire libre, para  el libre disfrute de todo el pueblo de La Vila. Se ha respetado en todo lo posible el arbolado existente y acondicionado convenientemente el resto de las instalaciones con unos paseos e iluminación muy acordes al entorno.

En el edificio principal se ha respetado -también en lo posible- la distribución original, reforzada su estructura y acondicionando todo ello a los nuevos destinos a que ha sido dedicado. Las dos plantas inferiores se dedican a una especie de museo de época, donde se muestran las dependencias tal como debieron estar en vida de sus antiguos propietarios, con muchos de sus muebles y enseres originales. Se conservan -casi intactos- las diferentes salas, comedor, dormitorios, despensa, etc… Seguramente están casi  como debieron encontrarse en su primitivo estado, solo que –como es natural- habiendo sido todo ello restaurado tal como merece un patrimonio de tanta categoría.

Las dos plantas superiores, que en su día estuvieron dedicadas a cámaras (almacenes de grano y otros usos, seguramente de carácter agrícola) actualmente están acondicionadas para su empleo como salas de actos públicos oficiales, exposiciones y otros menesteres similares. Merece destacar la preciosa galería con arcadas desde la que se domina toda la extensión del precioso parque en que se ha convertido el terreno que rodea la mansión.

Como es natural, el Ayuntamiento ha previsto que también la ciudadanía pueda disfrutar observando todas estas instalaciones, las que, aunque normalmente están reservadas solo para asuntos oficiales, en determinadas fechas y horarios pueden ser visitadas por cuantos estén interesados en el tema, eso sí, precia cita concertada y bajo la vigilancia de funcionarios y guías especializados.

Y aquí viene lo interesante del asunto. Desde hace algún tiempo se viene observando que estas visitas tienen un inesperado acompañante. Se trata de un auténtico fantasma que se conoce mora allí en la mansión y que hasta hace poco nadie había tenido ocasión de ver. Es nada más y nada menos que el fantasma de una muchacha, hija de unos antiguos propietarios (léase familia Aragonés) que moraban en el edificio a mediados del siglo diecinueve, mas o menos en la época del reinado de Isabel II.

Aquella familia tuvo seis hijos y uno de ellos era Cayetana, una guapa joven que ahora se dedica (en forma de simpático fantasma) a acompañar a los visitantes. En absoluto los molesta ni trata de asustar a nadie: únicamente los acompaña en todo el trayecto del recorrido y además va informando -a cuantos quieren escucharla- del contenido e historia de las distintas dependencias. Se aprecia que en vida debió ser una agradable señorita, de carácter abierto y que disfruta haciendo ver a los asistentes que son bienvenidos a su morada.

Al terminar la visita, vuelve a desaparecer como por arte de magia y los visitantes quedan así, además de sorprendidos, convenientemente informados de cuanto se puede admirar en este precioso edificio de La Barbera.

Os aconsejo que vayáis a verla en un sábado o domingo, que suele ser cuando este simpático fantasma tiene por costumbre aparecer.

 

Escrito por RAMAMAЯ en La Vila, el 2 de noviembre del 2009Cuadro de texto: Subir

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