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UN ESCARABAJO IMPORTANTE

        A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

Como descubriréis mas adelante, un escarabajo pelotero resultó ser el mas  importante protagonista en nuestro relato, así es que, antes de entrar de lleno en nuestra historia, os voy a describir algo de las costumbres de estos interesantes animalillos.

Habéis de saber que los escarabajos peloteros, son una clase de insectos muy especiales y que, como todos los escarabajos, tienen un cuerpo bastante robusto en comparación con su tamaño. Tienen seis patas muy resistentes y potentes y asimismo unas antenas en la cabeza que les sirven para orientarse por el tacto en la oscuridad. También poseen unas buenas alas para volar a distancia, aunque las emplean en raras ocasiones, llevándolas casi siempre protegidas bajo los élitros, similares a dos fuertes alas y que son una especie de escudo protector y estuche de su cuerpo por la parte superior.

Pero lo mas curioso de estos escarabajos son precisamente sus costumbres, un poco asquerosas para nosotros, ya que su alimento es precisamente lo que nosotros consideramos lo mas asqueroso del mundo, esto es: los excrementos de los mamíferos, y en especial los que mas les gustan son las cacas de las vacas. Ufff, ¡que asco…!

Además resulta muy curioso el ritual de que se valen estos animalillos para sacar a sus crías adelante, pues las cuidan con una particularidad que ya quisieran encontrar muchos de los hijos de los animales que conocemos, incluso a veces de los humanos.

Cuando llega la época de su apareamiento y crianza, allá por los meses de principio del verano, la pareja de escarabajos busca un lugar aparente y allí trabajan concienzudamente excavando una galería en el suelo de unos quince o veinte centímetros de longitud; al final de esta galería, excavan una especie de habitación de forma casi perfectamente esférica y de tamaño similar a una manzana grande, que les servirá como refugio para sus descendientes mientras alcanzan el tamaño adecuado para enfrentarse a las inclemencias del exterior.

Una vez realizado el refugio, salen al exterior y se dedican a llevar al mismo unas grandes pelotas de excremento, preferentemente de vaca (a veces también de caballo o de ganado lanar). Recortan esas bolas haciéndolas lo mas redondas posible y las van haciendo rodar con sus patas posteriores mientras avanzan marcha atrás en dirección a su nido.

Y, ¿sabéis para que quieren estas pelotas de estiércol?, pues una vez en su refugio se dedican a recortar de ellas otras pelotas mas pequeñas, de forma ovoide y dentro de cada una de ellas depositarán un huevo que quedará de esa forma protegido y con alimento asegurado para que la futura cría se encuentre cómoda y con abundante y calentita comida. ¡Menuda cunita! ¿eh? 

***

Bueno, y ahora vamos a entrar ya en nuestra historia. Para ello nos vamos a desplazar con el pensamiento a la época del mayor esplendor de España, bajo el reinado de Felipe II.

Por aquel entonces, nuestro rey Felipe estaba casado con su cuarta esposa, doña Anna de Austria, hija del emperador Maximiliano II de Austria y de doña María (hermana de Felipe II y por lo tanto, sobrina carnal de nuestro rey).

Ninguna de sus tres esposas anteriores había dado al rey el esperado hijo varón que heredase la corona, así es que tomó la decisión de casarse con su sobrina, esperando que le saliese bien su intento, ya que su citada hermana doña María había sido bastante prolífica (en total tuvo 14 hijos). Al primer intento salió la cosa bien, pues al cabo de un año y poco de su boda, en diciembre de 1571  les nació un hijo varón al que pusieron por nombre Fernando. Lástima que duró muy poco tiempo pues murió con solo siete añitos.

Mientras tanto y concretamente en octubre del año 1572, en que ocurrirá el acontecimiento mas significativo para nuestra historia, una magnífica y soleada mañana de otoño se dispuso la reina a acompañar a su consorte en una de sus múltiples visitas al monasterio que el rey estaba haciendo construir en la sierra madrileña, en un sitio que ahora conocemos como San Lorenzo de El Escorial.

Como tenían por costumbre en estos viajes, los reyes solían hacer noche en la localidad de Galapagar, donde, en una idílica noche de amor, engendraron un nuevo hijo que a su nacimiento sería bautizado con el nombre de Carlos Lorenzo y cuya vida también fue bastante cortita, todavía mas corta que la de su hermano, por lo que tampoco pudo pasar a la historia como rey de las Españas.

Sin embargo, a la mañana siguiente de su amorosa concepción, la reina notó a faltar entre sus alhajas una a la que tenía en bastante estima por ser regalo de su padre el emperador Maximiliano: un precioso prendedor de oro que llevaba engarzado un valioso brillante de gran tamaño.

Inmediatamente comenzaron las pesquisas para encontrar el prendedor, tarea que resultó totalmente infructuosa a pesar de que indagaron y registraron todas las dependencias aledañas, las pertenencias de todos y cada uno de los componentes del séquito, así como también los de todos los habitantes de la venta en que se habían alojado.

La realidad, -que solo se averiguó muchos años mas tarde al confesar su delito en el lecho de muerte-, fue que una de las doncellas al servicio de la reina habíase antojado del bonito prendedor y, al darse cuenta que sus majestades estaban  muy distraídos con sus amorosas tareas, cogió el prendedor y lo escondió en la parte exterior de la contraventana de su propio dormitorio, en el piso superior. No lo debió esconder demasiado bien, puesto que al amanecer lo descubrió una urraca que volaba por aquellos parajes y ya es bien sabido que las urracas son unas terribles ladronas, que llevan a su nido aquellas cosas que les gustan y sobre todo las cosas que brillan mucho, lo que ocurrió con aquella joya.

En realidad, el robo por parte de la urraca fue seguramente lo que le valió a la ladrona doncella el salvar la vida, pues el registro que se hizo por todo aquel lugar fue de lo mas concienzudo y casi con toda certeza que la hubieran descubierto, así es que la urraca fue providencial para ella.

El caso es que los reyes continuaron con su viaje y, como ya no tienen mas que ver con nuestra historia, los dejaremos de aquí en adelante para que sigan tranquilamente con sus reales andanzas. La concepción y posterior nacimiento de su cuarto hijo, -que será el único importante para España-, la dejaremos para los historiadores que contaron pelos y detalles de su vida y reinado con el nombre de Felipe III. 

***

 

El nido de nuestra ladrona urraca estaba situado en un magnífico fresno de una gran dehesa del lugar, muy cerca de donde se encuentra actualmente el embalse de Valmayor y mas concretamente, en las cercanías de donde hoy en día está ubicado el apeadero del tren de Las Zorreras.  Si hubiésemos podido husmear en el interior del nido,  habríamos encontrado allí el magnífico prendedor de la reina, junto a otros tesoros que la urraca había ido almacenando a lo largo de aquel verano. Tenía allí escondida una pequeña hebilla de latón, seguramente desprendida del zapato de alguna aldeana que la habría perdido bailando en las fiestas del lugar. También había un trozo de cristal de color verde, un pedacito de cinta roja,¡vete tu a saber de donde procedía!, y una piedrecilla que brillaba, pero muchísimo menos que el brillante de la reina, y que seguramente sería un trozo de cuarzo cristalizado.

El caso es que la urraca falleció aquel mismo invierno y en su nido quedaron sus tesoros sin que nadie supiese que quedaron allí abandonados. Con el transcurso de los meses, el nido se fue desmoronando y cayendo al suelo sus tesoros uno a uno, excepto el prendedor que quedó enganchado en una ramita del árbol sin que por ello pudiese caer al suelo.

Allí quedó hasta el verano siguiente en que, por la sequía, los campos se habían agostado rápidamente y los aldeanos, al ver que su ganado no tenía hierba para comer, procedieron a efectuar lo que ellos llaman el “ramoneo”, esto es, cortar ramas verdes de los fresnos y así el ganado tiene abundantes y jugosas hojas verdes para saciar su apetito.

Entre aquellas ramas cayó al suelo la que sustentaba el célebre prendedor y ¡mira tu por donde!, una de las vacas, al masticar las hojas, rompió el prendedor con los dientes y se tragó todo consigo, pero esta vez llevando el oro por un lado y el diamante por otro. Así llegó todo a su estómago y después de varias horas, por un proceso natural de evacuación intestinal, el diamante fue arrojado al suelo de aquella dehesa envuelto totalmente en “caca de la vaca”. 

***

Y aquí llega la cuarta y mas interesante parte de nuestro relato. Un escarabajo pelotero que habitaba en aquella dehesa, al proceder a fabricar una de las bolas de “caca” que necesitaba llevar a su correspondiente cueva, se sorprendió bastante al observar que aquella bola pesaba mas que de costumbre, pero como los escarabajos no piensan demasiado, no le dio por mirar el contenido y se propuso llevarla a su nido como hacía con las demás pelotas.

Se puso a la tarea y, si ya es suficientemente agotador el trabajo de acarrear una bola normal, figuraos lo que tuvo que pasar el pobre escarabajo para llevar a buen término el transporte de aquella bola especial que en su interior contenía un brillante de grandes proporciones.

Si hubiese podido elegir, en lugar de aquella pelota que -aparte de varios quilates de valioso contenido- no tenía apenas valor nutritivo para alimentar a sus larvas, seguro que habría procedido a fabricar otra pelota compuesta únicamente por caca.

Pero en fin, cuando lo descubrió ya era demasiado tarde; la susodicha pelota, (tan valiosa para nosotros, pero tan despreciable para un escarabajo), llegó al fondo de su cueva y  según mis noticias aún sigue allí, pues nadie ha sido capaz de encontrarla hasta nuestros días.

Sería interesante oír la noticia de algún niño que -jugando por aquellos parajes- la encontrase algún día y volviese a la luz aquella magnífica piedra, haciendo de paso muy ricos a la familia de quien la encontrase. 

Escrito por RAMAMAЯ  en Madrid  el 28 de noviembre del 2004

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