Mis cuentos infantiles

 

Inicio

Aficiones

Mis cuentos y relatos

Galerías de fotos y pinturas

Sitios favoritos

Comentarios

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

      

 

 

               

EL DELFÍN DE PLATA 

     A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

            Hace mas o menos cien años que en el  mar Mediterráneo vivía una familia de delfines que, entre padres, abuelos, pequeños y pequeñines debían ser aproximadamente unos treinta y cinco delfines; todos ellos preciosos, muy sanos y felices porque en el mar en que vivían hacía una excelente temperatura, no mucho frío en invierno y tampoco mucho calor en verano. 

         Si a esto añadimos que en su zona de caza había una gran cantidad de pescados de toda clase, (que, aunque rápidos y veloces, no podían competir con la rapidez y velocidad de los delfines), comprenderemos que su vida no podía ser más afortunada. 

Además del que empleaban en comer, les sobraba gran cantidad de tiempo para jugar y se divertían a lo grande organizando carreras y saltos de todo tipo dentro y fuera del agua.

         Así trascurría su vida alegremente y de entre todos estos delfines os voy a contar la vida de uno de ellos, uno de los más jóvenes, al que le llamaban “Abrebotellas” porque tenía la manía de quitarles el tapón a todas las botellas que se encontraba. Unas veces era a las que encontraba en el fondo del mar y otras veces a las botellas que flotaban a merced de las olas, siempre tenía el capricho de quitarles el tapón para ver su contenido. 

         Ya en una ocasión se pegó un buen susto, porque al quitar el tapón, le salió un líquido con burbujas que le tuvo mareado durante dos días. La verdad es que había abierto nada menos que una botella de champán y cogió una buena borrachera sin saber que le pasaba. Mas le hubiera valido  haber cogido una merluza de las de comer en vez de las de beber. ¿Cogéis el chiste? 

         Nuestro amigo “Abrebotellas” siempre fue muy feliz hasta que una vez, en un barco que pasaba, se fijó en una cosa muy brillante que había en el barco y que relumbraba con mil destellos. 

         Se trataba de una campana de plata que el capitán usaba para dar las órdenes a sus marineros. Si tocaba una vez era para ir a la derecha, si dos veces era para ir a la izquierda, si tres veces era para comer, si cuatro veces para acostarse, si cinco veces era para levantarse y así sucesivamente. 

         El caso es que la campana estaba muy limpia y brillante y el sol se reflejaba en ella, produciendo unos destellos que fascinaron a nuestro delfín. Preguntó a sus padres y le dijeron que aquello era de plata y era lo que mas brillaba en el mundo. 

         A partir de entonces le entró una fastidiosa manía.  QUERÍA SER UN DELFIN DE PLATA. 

         Comprenderéis que sus padres intentaron convencerle de que eso era una manía muy tonta que tendría que olvidar porque eso es imposible, pero “Abrebotellas” era muy cabezota y continuando con su manía, restregaba su cuerpo a todas horas con todas las cosas que encontraba, para que su piel cogiera brillo como la plata. 

         Tanto y tanto se restregaba, que de tanto frotarse se fué desgastando y haciéndose más pequeño cada día, hasta que llegó un momento que se hizo tan pequeñín que apenas le veían ya sus familiares. 

         Además, fue perdiendo fuerza y velocidad y llegó un momento en que casi no podía nadar. Estaba a punto de morir, cuando tuvo la suerte de que pasó por allí un mago y al preguntarle que le pasaba, se dio cuenta de que la única forma de hacerle feliz, era la de convertirle en un delfín de plata y así lo hizo; le tocó con su varita mágica y por fín el pequeño “Abrebotellas” consiguió su deseo: se convirtió en un delfín de plata. 

         Era precioso y tan brillante que el sol se reflejaba en él como si fuera una estrella dentro del mar. Además, como era de plata no tenía necesidad de comer y los peces se le acercaban sin temor, con lo que pudo hacerse amigo de gran cantidad de ellos y aprendió muchas cosas que antes no sabía, como por ejemplo que los peces nacen de huevecillos, en vez de nacer como los delfines de la barriguita de sus mamás. 

         Claro que todas las ventajas tienen también sus inconvenientes, pues al ser de plata ya no pudo nadar nada de nada y se fue hundiendo hasta el fondo del mar. 

         Y no creáis que acabó aquí el cuento, pues el final fue que un día, estando yo bañándome en la playa de Villajoyosa,  ví en el fondo una cosa muy brillante, muy brillante, así que me bajé buceando y encontré al delfín de plata. 

         Ahora le tengo en la vitrina del salón y  además de hacer muy bonito, gracias a su forma me sirve también para abrir las botellas.

         Y  colorín, colorado, ahora sí que el cuento se ha acabado. 

RAMAMAR   La Vila, septiembre del 2001   

 

Cuadro de texto: Ir al índice de cuentos cuentos
                                                                                                           

                                                                                                                                                         

 
 
      Cuadro de texto: Subir