|
|
|
||
|
|
LOS CUBOJOS Y OTROS BICHEJOS
A mis nietos Daniel, Celia y Raquel
A muchísimos años luz de nosotros se encuentra el planeta Trasteno, que forma parte del sistema de la estrella Mádel, en la constelación de Sagitario. En este pequeño planeta solo es habitable una pequeña franja situada a ambos lados de su ecuador, como si fuese un cinturón alrededor de su anillo central. Fuera de esta franja, las condiciones extremas lo hacen inhabitable para cualquier ser vivo, sea o no inteligente, así es que toda su población se concentra en ese estrecho cinturón. Allí -y sólo allí- encontramos el 100% de la vida vegetal del planeta y también los escasos seres vivos mas o menos movibles (o con capacidad de desplazamiento), a los que podríamos calificar como a los “animales de Trasteno”, todos ellos con poca o ninguna clase de inteligencia racional, pero con un desarrollado instinto de subsistencia y aprovechamiento del medio. Entre estos “animales”, se encuentran tres especies terrestres que prácticamente son las únicas que allí habitan: los cubojos, los esponjitos y los filambres. Aparte existen otras especies voladoras similares a nuestros insectos, pero estas son, al contrario que en nuestra Tierra, en pequeñísimo número y según tengo entendido, tienen todos las características necesarias para que en sus próximas y cercanas evoluciones lleguen a ser los primeros y únicos animales inteligentes de Trasteno. Y pasemos a describir las características de nuestros “amigos trastenos” terrestres: Los cubojos tienen forma casi perfectamente cúbica, son como un gran dado de mas o menos un metro de lado con cuatro patas, una en cada vértice de la cara inferior y cinco redondos ojos, situados exactamente en el centro de cada una de las otras cinco caras. Con estos ojos dominan perfectamente todo el entorno, excepto el suelo que está bajo su cúbica figura.
Los esponjitos tienen su cuerpo totalmente irregular, cuya dimensión mayor será de unos 40 cm y con una blanco-amarillenta superficie en la que abundan pequeños alveolos o huecos a través de los cuales se alimentan y traspiran. No necesitan ojos, pues se orientan por un procedimiento similar a nuestros murciélagos, solo que en vez de emitir sonidos emiten emanaciones olorosas que rebotan en los objetos del entorno y las que a su regreso informan de su tamaño y composición al esponjito, quien así queda perfectamente informado de cuanto le rodea. Para desplazarse efectúan potentes contracciones y expansionan después sus elásticos cuerpos, con lo que avanzan dando pequeños saltitos en la dirección deseada. Los filambres tienen sus cuerpos totalmente cilíndricos y alargados a modo de gigantescos fideos de aproximadamente un metro de largo y 10 cm de grueso. Su color es de un anaranjado brillante, similar a las bombonas de butano. Se desplazan arqueando y apoyando en el suelo alternativamente cada uno de los extremos de su alargado cuerpo, donde tienen una especie de dura callosidad que tiene en su centro unos redondos orificios por los que se introduce su alimento. No se conoce como se orientan para sus desplazamientos y se supone que lo hacen totalmente al azar, confiando en su suerte para encontrar aquello que necesitan para sobrevivir.
Los pobres animales trastenos (de otras especies distintas a la suya) que tienen la desgracia de topar con ellos, quedan al instante atrapados sin posibilidad de desprenderse. Al mismo tiempo, los astropajos segregan una especie de pegajosa baba que va disolviendo a sus presas y convirtiéndolas en alimento para sus peludos captores.
Desde luego, aquello parecía que iba a ser el final de todas las especies trastenas en beneficio de los asquerosos astropajos, pero mira tú por dónde, su propia proliferación acabó por ser la solución a las restantes especies. La casualidad hizo que uno de los astropajos devorase por equivocación a otro ser de su propia especie y lo encontró tan apetitoso y sabroso que a partir de entonces solo comía a otros astropajos. Esta canibalesca costumbre se extendió rápidamente entre ellos y fue la causa de que ellos mismos se fuesen exterminando entre sí. Al final, solo quedó un enorme astropajo, quien de tanto comer y comer a sus propios hermanos terminó por reventar de una indigestión. El problema se había resuelto felizmente y nuestros cubojos, esponjitos y filambres pudieron seguir disfrutando en paz en su bonito planeta Trasteno.
Escrito por RAMAMAя en Madrid, el 17 de marzo del 2009
|
||