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UN COCODRILO EN APUROS 

A mis nietos Daniel, Celia y Daniel 

S

i os habéis imaginado alguna vez haber podido conocer un ser de lo mas desgraciado, seguro que no lo sería tanto como Desdentado, que así se llamaba el cocodrilo de nuestro cuento. Este era ya el colmo de la desgracia, pues había nacido sin dientes. 

     Fijaros bien: Desdentado no tenía un solo diente en toda su grandísima boca, lo que le hacía parecer el cocodrilo mas ridículo del mundo. Además esta fealdad no era lo mas grave de este defecto que le aquejaba, pues como podéis imaginaros, al verse privado de su dentadura, el poder alimentarse adecuadamente era un grandísimo problema. 

     La primera etapa de su juventud la pasó mas o menos apuradamente comiendo cositas menudas que se tragaba de un golpe, pues no podía masticar nada con su desdentada boca, pero, a medida que fue haciéndose adulto y, como es natural, las presas que precisaba para su alimentación tenían que ser mas grandes, se veía con muchísimos apuros para tragárselas sin masticar. 

     Además, su estómago se quejaba en muchas ocasiones de no poder asimilar aquellos trozos tan grandes y se veía frecuentemente aquejado por grandes dolores de barriga. 

     Comprenderéis que esta forma de comer no es la mas adecuada a un gran cocodrilo, que precisa de grandes cantidades de alimento y cuyas presas suelen ser grandes herbívoros que precisan ser convenientemente troceados para poderse ingerir. Pasa como si vosotros tuvieseis que comer un pollo o un cordero entero y no tuvieseis dientes ni los cubiertos para trocearlo. 

     Para remediar en lo posible este problema, Desdentado se acostumbró a arrebatar trocitos de comida de lo que estaban masticando los cocodrilos vecinos, que, como eran sus parientes, no se molestaban demasiado con esta forma de proceder, aunque algunas veces había tenido problemas con alguno que no tenía los modales tan agradables. 

     Sobre todo tenía problemas con un primo suyo, un cocodrilo llamado Fanfarrón, que no era nada amable y siempre se enfadaba con él. Menos mal que también había otro primo grandullón llamado Mandíbulas grandes que era muy bueno y le protegía cuando estaba en apuros. También le cedía parte de su comida a medio masticar y nuestro cocodrilo desdentado le estaba muy agradecido. 

     En cierta ocasión pudo devolver el favor a su primo el grandullón, pues nuestro cocodrilo Desdentado tenía muy buena vista y veía de lejos estupendamente. Pudo darse cuenta de que unos cazadores, que llevaban las lanzas ya preparadas, estaban a punto de llegar hasta donde estaba su primo Mandíbulas grandes dormitando la siesta después de una buena comida. 

     Sin pensar en el peligro que él mismo podría correr, se abalanzó en seguida hacia el sitio por donde venían los cazadores y los hizo salir huyendo, asustándoles con su enorme cola, con la que daba golpes a uno y otro lado hasta hacerlos huir de allí. 

     Por supuesto que todos los demás cocodrilos también se quedaron admirados por la valentía del cocodrilo Desdentado, quien, a pesar de no tener dientes, se había atrevido a enfrentarse con los cazadores y a partir de entonces todos querían ser sus amigos y darle comida a medio masticar. Entre ellos, también se hizo amigo suyo el otro cocodrilo Fanfarrón, que también le ayudó en todo lo que pudo. 

     Además de proporcionarle comida ya triturada, le nombraron vigilante del río y fue a partir de entonces un cocodrilo muy feliz y bien considerado por todos.

                   

   Dibujo: Carolina Pérez   Animación: Francisco Villarreal

    Ilustración flash publicado en www.cayomecenas.com

 

RAMAMAR       La Vila, 30 de abril del 2002Cuadro de texto: Ir al índice de cuentos cuentos

 

                                                                                                       

                                                                                                                                                         

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