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LA CIGÜEÑA MENTIROSA 

          A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

Quede claro que yo sé que vosotros no sois de los niños que dicen mentiras, pero por si acaso tenéis algún amiguito o amiguita que acostumbre a decir mentirijillas, os recomiendo que le contéis lo que le pasó a la cigüeña de este cuento para que aprendan que mentir es una fea costumbre y que solo trae complicaciones y ninguna ventaja. 

         Os estoy hablando de Piquirroja, una preciosa cigüeña que había nacido en un nido muy grande, situado encima de un poste de madera que hay en la orilla de un prado,  casi pegadito a la carretera de El Escorial (a la izquierda según se va desde Madrid), y a mitad de distancia mas o menos entre el pantano de Valmayor y la villa de El Escorial (El Escorial de abajo, que no tiene nada que ver, aunque está muy cerca, con San Lorenzo del Escorial, que es donde está el famoso monasterio). 

         Esta cigüeña hubiera sido una cigüeña más, si no fuera porque tenía una tonta manía. Desde que era chiquitina, ya  tenía la manía de decir pequeñas mentiras sin venir a cuento. Por ejemplo, les decía a sus padres que su hermanita cigüeña le había comido su parte de una pequeña culebra que les habían traído para el desayuno, lo que era una pequeña mentira, pero que a ella le parecía que con eso sus papas la querrían mas y no se daba cuenta de que a sus padres no les podía engañar, pues tenían muy buena vista y se habían dado cuenta de que eso no era verdad. 

         Ya cuando era un poco mas mayor, empezó a presumir de que una de sus abuelas había sido la que había traído de París al hijo de los reyes de España cuando nació. Esto, al principio se lo creyeron las demás cigüeñas de su entorno, pero al final se fueron dando cuenta de la mentira, pues hace ya mucho tiempo que se sabe que las cigüeñas ya no traen a los niños desde París. 

         En otra ocasión estuvo presumiendo de haber cazado la culebra mas grande del mundo, una anaconda de mas de seis metros de grande. Como os podéis figurar, nadie se lo creyó, sobre todo porque las anacondas no viven en España de ninguna manera, así es que la pescaron rápidamente en la mentira. 

         Otra vez dio que hablar con otra mentirijilla, pues Piquirroja decía  que  en uno de sus vuelos había llegado tan alto que estuvo a punto de chocar con un avión. Al final terminó confesando su mentira y explicó que sólo lo había dicho para darse importancia. 

         En fin, tantas mentiras fue diciendo, que llegó un momento en que ya no la creían nada de lo que dijera. Además, la cambiaron el bonito nombre de Piquirroja por el nombre de Aranera, pues eso es lo que significa mentirosa. 

         Todas estas mentiras la fueron haciendo perder amistades, pues a nadie le gusta tener amigos mentirosos, así es que se lo estuvo pensando mucho y decidió no volver a mentir nunca jamás para conservar los pocos amigos que la quedaban y recuperar la credibilidad entre todos sus conocidos. 

         Entonces la ocurrió una cosa que fue definitiva para su decisión de no volver a decir nunca mentiras. Sucedió en uno de sus viajes de inspección para buscar comida por su zona de caza (las cigüeñas comen pequeñas culebras, ranas, sapitos, lagartijas, ratoncillos y demás bichos del campo). Según iba volando por el cielo observó una cosa muy rara, pues resulta que una rana se había estado probando como traje una piel de ardilla que encontró por el campo. (La historia de esta rana la encontrareis en el cuento de “La rana que tenía pelo”). La sorpresa que se llevó la cigüeña Aranera al ver una rana con pelo, la llevó a salir pitando y contárselo a sus vecinas cigüeñas. 

         “He visto una rana con pelo”, iba repitiendo por todas partes, y claro, con la fama de mentirosa que tenía, pues ninguna cigüeña se creyó una cosa tan inverosímil y fijaros bien, ahora que decía la verdad, pues se encontró con que todos estaban convencidos de que mentía de nuevo. 

         Menos mal que fue en su ayuda una urraca que también había sido testigo del asunto del traje de pelo de ardilla de la rana Sebastiana y pudo acreditar ante todo el mundo el que en esta ocasión Aranera estaba diciendo la verdad. 

         A partir de entonces nunca dijo mas mentiras y poco a poco todas sus amistades fueron recobrando la confianza con ella y al final de todo volvieron a llamarla Piquirroja como era su verdadero nombre. 

        RAMAMAR  La Vila, 1 de abril de 2002

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