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LA CEBRA NEGRA
Vaya lío que se formó en la familia de las cebras el día en que nació Negrita, una preciosa cebra tan pequeñina, guapa y alegre como todas sus primas que habían nacido por aquellos días en aquella pradera de África Central.
Bueno, tan guapa no es que fuera, pues a su madre le dio un susto de muerte cuando se dio cuenta de que su hija Negrita había nacido totalmente negra. ¡Nada!, que no tenía absolutamente ni una sola raya de las que caracterizan a su especie.
Y hablando de rayas, os voy a hacer una pregunta un poco difícil. A ver si me podéis responder a esto: las cebras ¿tienen el cuerpo negro con rayas blancas? O por el contrario ¿tienen el cuerpo blanco y con rayas negras? Vaya faena de pregunta ¿eh?
Bueno, pero esto no viene al caso, lo principal es conocer la historia de nuestra cebrita que nació con el cuerpo totalmente negro. Su mamá, una vez pasado el susto de verla tan completamente lisa y sin rayas, de momento se conformó cuando se dio cuenta de que en todo lo demás, su hija era una auténtica cebrita y se comportaba como las demás pequeñas de su especie.
Un poco mas tarde se fue preocupando un poco mas, ya que observaba que las demás cebritas daban de lado a su hijita, despreciándola por su extraño aspecto y no querían saber nada de ella, con lo que Negrita, a pesar de sus esfuerzos de jugar con las otras, fue poco a poco quedándose apartada de las demás y adquiriendo un carácter mas bien triste y retraído.
No tenía amigos que la acompañaran en sus juegos y carreras por la pradera, siendo su madre la única compañera que no la despreciaba y la que estaba siempre pendiente de que no la ocurriese algún percance.
Así iban trascurriendo los días y nuestra pequeña cebrita se fue convirtiendo en una preciosa cebra adulta, con un bonito y lustroso color negro que sería la envidia de cualquier otro animal a excepción de una cebra, que debe tener el cuerpo a rayas, como Dios manda.
Lo que no sabían en su manada es que en otra manada de cebras que vivían al otro lado del río, había nacido tiempo atrás un cebrito macho que también había sido la preocupación de su mamá, pues en su caso había nacido con el cuerpo totalmente blanco, sin una sola raya. Los problemas de Blanquillo, que así se llamaba el cebrito, habían sido mas o menos los mismos que había tenido Negrita, así es que también era un animal mas bien triste y solitario al no tener amigos ni compañeros de juegos y carreras.
Por cierto que un día, en uno de sus solitarios paseos, se acercó a la orilla del río a beber agua y allí en la lejanía - al otro lado de aquel ancho río - vió a nuestra cebra Negrita, que ya era una espléndida hembra adulta y cuya estupenda figura le dejó prendado a Blanquillo, quien en principio creyó que era una cebra como todas las demás, pero que se la veía negra por estar a contraluz con el sol a su espalda.
Movido por la curiosidad, se metió en el río y fue nadando a toda prisa hasta la otra orilla. Lo hizo muy rápidamente, pues por allí abundan los cocodrilos y menos mal que pudo llegar a la otra orilla sin problemas, pues los pilló dormidos y no se dieron cuenta de aquel intrépido nadador.
El caso es que se fue acercando tímidamente hasta Negrita, quien se quedó sorprendida de ver a un macho de cebra con el cuerpo totalmente blanco y al principio no quiso saber nada de él. Iba a salir galopando hacia su manada, cuando también la picó la curiosidad y entró en conversación con aquel ser, tan extraño como ella misma.
Pues bien, cuando se contaron sus respectivas historias, se dieron cuenta de que eran muy parecidas, con la única diferencia del color, uno totalmente blanco y la otra totalmente negra. Y como en sus respectivas manadas no eran muy bien acogidos, decidieron unir sus vidas de allí en adelante. Con el tiempo formaron una feliz pareja y mas adelante tuvieron también hijitos, que fueron totalmente normales como todas las cebras, con sus preciosos cuerpos negros rayados de blanco; o espera: ¿serían los cuerpos blancos rayados de negro?
RAMAMAR La Vila, 13 de febrero de 2003 Apéndice. Un amigo me ha contado una leyenda acerca del origen del rayado de las cebras. Dice que, antes del Diluvio Universal, las cebras tenían el cuerpo totalmente liso. Ocurrió que, estando en el Arca, una de ellas, (no sabemos si el macho o la hembra), era muy glotona y se ponía varias veces en la cola de la comida. Entonces a Noé, se le ocurrió que, para que esto no pasara, lo mejor sería marcar con una raya a las cebras cada vez que fuesen a comer, con lo que controlaría quien había comido ya y quién no. Menos mal que el Diluvio sólo duró cuarenta días y cuarenta noches, porque si no, las cebras llegarían a tener el cuerpo totalmente del color de las rayas. Lo que no me aclaró mi amigo, es si Noé marcaba a las cebras negras con pintura blanca o si eran blancas y las marcaba con pintura negra. De momento, sigo con mi duda.
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