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BERTO Y NICO

 

Roberto y Nicolás habían preparado convenientemente su fin de semana para pasarlo lo mejor posible. Tenían proyectado (como para casi todos los sábados) un completo día de pesca y, si el tiempo lo permitía, también de baño y buceo en una preciosa calita que frecuentaban y que prácticamente era de su exclusivo uso y disfrute.

La tarde anterior habían preparado una especial pasta de su invención para usarla como cebo de pesca; estaba hecha a base de arroz cocido mezclado con sardina machacada y miga de pan. Esta maloliente pasta había resultado siempre muy atractiva a los pececillos y los resultados seguro que serían muy productivos, como en tantas otras ocasiones anteriores.

Salieron con sus bicis a la hora acostumbrada y antes de las 11 de la mañana ya estaban en su roca preferida, donde no tardaron en comenzar las "picadas" y cobro de los pececillos que tanto abundaban en aquellas transparentes aguas.

A todo esto, no hemos dicho que el lugar elegido por nuestros protagonistas está situado muy cerca del Cabo de Cala Figuera, el extremo mas occidental de la gran Bahía de Palma, en Mallorca.

Para poner sus capturas a buen recaudo, nuestros amigos utilizan una bolsa de esas de red donde vienen envasadas las naranjas del supermercado. Allí introducen los peces y la red, atada convenientemente a una roca de la orilla, queda sumergida en el agua del mar; así los peces se conservan prácticamente vivos durante varias horas. También de ese modo los peces mas pequeñines tienen la oportunidad de escapar otra vez al mar cuando caben y pueden escabullirse por la rejilla de la bolsa de red, conservándose para su consumo solamente los ejemplares con tamaño adecuado.

Bueno, pues cuando Berto y Nico consideraron que la red contenía suficientes peces, dejaron a un lado los aparejos de pesca y se dispusieron a desplazarse unos metros hasta una pequeña calita de arena, donde solían bañarse siempre.

Y allí encontraron la sorpresa de su vida, pues en un extremo de la playita se toparon con un precioso delfín varado en la arena de la orilla. El pobre estaba sensiblemente agotado y daba muestras de estar sufriendo bastante dolor, seguramente a causa de una herida visible en la parte superior de la cola.

Nuestros amigos no dudaron un momento y quitándose las camisas las empaparon en agua de mar para refrescar al pobre delfín, quien al instante mostró síntomas de alivio.

También procedieron a alimentarle con los pececillos capturados anteriormente, cuya comida fue también aceptada inmediatamente por el delfín, que la engullía con bastante avidez. Vete a saber cuanto tiempo llevaría el pobre sin tomar bocado.

Y aquí nuestros amigos tomaron una importante decisión: como ellos no tenían conocimientos ni medios para curar la herida, decidieron que quedase Nico junto al delfín, donde continuaría refrescándole y alimentándole. Mientras tanto Berto se iría con su bici inmediatamente a las instalaciones de Marineland, para pedir ayuda a los técnicos del parque, expertos precisamente en todo lo referente a delfines.

Tardó poco mas de una hora en llegar a las instalaciones de Marineland en las cercanías de Portal Nous, donde fue atendido inmediatamente y prepararon rápidamente una zodiac en la que tres expertos (junto con el propio Berto como guía) se dirigieron por mar a la pequeña calita y en poco tiempo pudieron proporcionar al delfín herido los cuidados necesarios. En especial felicitaron a los muchachos por la genial idea de refrescar al delfín con agua de mar, lo que fue de una gran ayuda para preservar la delicada piel del animal.

Llevaban en la zodiac una especie de cuna fabricada con lona, donde, una vez realizada una primera y eficaz cura, acomodaron al delfín de forma que su traslado a las instalaciones del Marineland resultase lo mas cómodo posible al animal.

Nuestros amigos volvieron a retomar su programa de fin de semana, en primer lugar dando buena cuenta de los bocadillos que llevaban en sus respectivas mochilas y luego mas tarde volvieron a sus aparejos de pesca, con los que en menos de una hora completaron de nuevo su bolsa-red con estupendas capturas de peces plateados.

Después de un reparador baño en aquellas límpidas aguas regresaron a casa felizmente y con la satisfacción de haber logrado un excelente objetivo: poner en buenas manos a un precioso y necesitado delfín.

Semanas mas tarde visitaron el parque, donde fueron recibidos muy cariñosamente por todos  y pudieron comprobar que su rescatado delfín,  (a quien sus cuidadores habían bautizado como Niber en recuerdo de sus salvadores Nico y Berto), se había recuperado casi totalmente e integrado entre sus nuevos amigos del parque, tanto con los delfines como con sus cuidadores y entrenadores humanos.

 

Escrito por RAMAMAЯ  en Palmanova (Mallorca) el 7 de abril del 2009.

 

 

 

 

                             

 

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