|
|
|
||
|
|
BABITAS, UN CARACOL ESPECIAL A mis nietos, Daniel, Celia y Raquel En el parque del Retiro vivía hace algún tiempo un caracol llamado Babitas que se consideraba a sí mismo como el caracol mas afortunado del mundo. Había nacido y vivía, en una zona muy frondosa y húmeda del parque, entre la Casa de Velázquez y el precioso Palacio de Cristal, teniendo a su entera disposición una gran variedad de plantas, entre las que podía elegir a su capricho las mas sabrosas y convenientes para sus paseos y alimentación. Sobre todo era feliz en los días en que caía una abundante y generosa lluvia, que le permitía deslizarse con facilidad por entre las plantas de su entorno, ya que, al estar todo tan mojado, sus paseos resultaban mucho mas agradables y cómodos, sin tener que gastar apenas la baba que, en los días secos, tenía que fabricar para poder deslizarse mas fácilmente en sus andanzas por las hojas y ramas. Además, nuestro caracol Babitas, tenía una especial prestancia y marcialidad, que le hacía ser muy apreciado por sus congéneres, teniendo por tanto una gran cantidad de amigos entre los de su especie. Por cierto que todos sus amigos querían intercambiar sus espermatozoides con él. No se si recordaréis que los caracoles son hermafroditas, esto es: para reproducirse pueden producir tanto espermatozoides como óvulos, o sea, como si fueran machos y hembras al mismo tiempo; pero no pueden fecundarse a sí mismos, por lo que tienen que intercambiar los espermatozoides con otros congéneres. Pues bien (cambiando de tema), cierta mañana, Babitas probó a comer de las hojas de un arbusto –aparentemente muy apetitoso- que crecía junto a un sauce, justito a la orilla del precioso lago del Palacio de Cristal y lo cierto es que aquellas hojas le supieron un poco raras: tenían un sabor agradable, pero demasiado dulzón para el gusto de nuestro Babitas. Pero lo sorprendente ocurrió un poco mas tarde: su cuerpo y también su caracola empezaron a crecer desmesuradamente, hasta el punto de que la caracola llegó a alcanzar casi dos metros de altura y también proporcionalmente su cuerpo. Babitas no daba crédito a sus ojos al comprobar el caracol gigante en que se había convertido. Y los que tampoco salían de su asombro fueron los jardineros que cuidan el parque al encontrarse con aquel caracol tan descomunal. Al principio no sabían que hacer, pero luego decidieron que, para evitar posibles disgustos a los usuarios del parque, lo mejor sería confinarlo en un lugar seguro. Subieron a Babitas sobre una plataforma de madera y lo trasladaron al interior de unas instalaciones cerradas con una alta verja, lugar que se conoce con el nombre de los Jardines de Cecilio Rodríguez. Allí nadie correría peligro alguno y únicamente se encontraron con el problema de alimentarle, lo que solucionaron proporcionando a Babitas todos los días una gran carretilla de buenas y frescas hojas de las que nuestro caracol daba cuenta con buen apetito. En aquellos jardines también conviven unos preciosos pavos reales que son muy admirados por cuantos tienen la suerte de verlos con su maravillosa cola desplegada. Estos pavos tienen también la costumbre de subirse a lo mas alto de los altísimos pinos de aquel jardín y, sobre todo al crepúsculo, se dedican a lanzar unos estridentes gritos que se oyen desde bastante lejos. Pues bien, poco a poco la gente fue conociendo la existencia del gigantesco caracol y los responsables del parque decidieron sacarle a pasear, de vez en cuando, por el llamado Paseo de Coches. Eso si, siempre con un cuidador subido a lo alto de la caracola (como si fuera montado en un caballo) y quien, vestido con unas llamativas ropas y portando unas riendas de color rojo, iba dirigiendo a Babitas en todo su recorrido, para no causar ningún susto ni problemas a nadie. Los niños que pasean por el parque están encantados con su presencia y a sus papas les encanta hacer fotos a sus hijos acariciando al enorme caracol. Por otra parte, Babitas también está encantado de ser tan popular y se siente muy orgulloso de ser amigo de tantos y tantos niños. En uno de sus paseos me lo encontré yo y le pude hacer la foto que os muestro en este cuento.
Escrito por RAMAMAR en Ibiza, el día 26 de marzo de 2008.
|
||