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LA AVISPA DISFRAZADA 

             A mis nietos Daniel, Celia y Raquel 

            Esta historia tuvo lugar el verano pasado en un lugar cercano a 7 Pinos (vosotros ya sabéis donde), y me hizo mucha gracia, porque demuestra hasta donde puede llegar la voluntad por conseguir algo y las cosas que uno puede llegar a hacer para alcanzarlo. 

         Resulta que una avispa llamada “Rayitas” era muy observadora y cuando andaba volando por su jardín, al observar la conducta de las abejas que andaban por allí entre las flores, se  dio cuenta de que, las avispas como ella misma, se dedican a comer directamente las cosas que les gustan, como pueden ser las uvas, otros pequeños frutos e incluso algunos bichitos apetitosos y sin embargo las abejas solo se dedican a tomar el polen de las flores y después de ponerlo en su saquito, se lo llevan hasta una especie de nido grande, donde desaparecen para dejarlo allí y vuelven al jardín otra vez para buscar nuevas flores que tengan polen. 

         Esta extraña conducta de las abejas, la indujo a la curiosidad de enterarse de lo que podía ocurrir en el interior de aquel nido de abejas (luego se enteró de que se llama colmena). 

         Ni corta ni perezosa se dispuso a entrar en aquella colmena y no veáis el susto que se llevó, pues en la puerta estaban unas abejas muy fuertes, llamadas zánganos, que se liaron a picotazos con “Rayitas” y a punto estuvo de dejarse allí la piel, si no hubiera sido porque tuvo la suerte de que pasó un avión por allí en ese momento; los zánganos se distrajeron un instante con el ruido y la avispa salió de allí volando a toda prisa. 

         Esto la sirvió de aviso para no meterse en camisa de once varas, pero no creáis que se le pasó la gana de enterarse de  lo que ocurría en el interior de la colmena, así que estuvo cavilando en la forma de introducirse dentro sin peligro. 

         Después de mucho pensar, se le ocurrió que la mejor solución sería disfrazarse para parecer una abeja y así no la picarían los zánganos. Dicho y hecho, con pigmentos que fue encontrando en las flores y plantas del jardín y aplicándose también un poco de polvo marrón del camino, logró disimular las rayas amarillas y negras de su cuerpo y llegar a parecerse a una abeja. 

         Así disfrazada se acercó a la colmena y como vió que los zánganos no se fijaban mucho en ella, se decidió a entrar como si fuese una abeja más. 

         La estratagema dio resultado y logró enterarse de lo que realizan las abejas dentro de la colmena. Vió que con el polen de flores y mezclándole con saliva que ellas mismas segregan, las abejas se dedican a fabricar cera para hacer unos recipientes hexagonales que llaman panales; luego mas tarde fabrican miel con la que llenan estos depósitos. Así están durante todo el buen tiempo y van acumulando comida que luego necesitarán mas adelante, cuando con los fríos del invierno, no encuentren flores con que alimentarse. 

         Observó todo este trabajo y quedó admirada de lo listas y trabajadoras que son las abejas, así que en cuanto salió de allí, se puso a contar lo sucedido a todas sus amigas avispas, para ver si entre todas, preparaban otra colmena y hacer igual que las abejas. 

         No le hicieron  mucho caso y sólamente hubo alguna avispa, que al oír lo de los depósitos de miel, quiso entrar allí para robar la comida a las abejas. Pagaron caro su atrevimiento pues los zánganos se liaron a picotazos con ellas y las dejaron el cuerpo hecho una pena.          

         Nuestra avispa “Rayitas” ya no quiso meterse en nuevas aventuras y continuó haciendo lo que hasta entonces, o sea comer todo lo que podía e intentar que los humanos no la aplastasen con algún manotazo al pasar cerca de ellos. 

         A partir de entonces fue muy prudente y no se metió en problemas. 

          RAMAMAR   La Vila, septiembre de 2001 

 

 

        

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